La crítica de El doctor de la felicidad dice que es un topicazo y ridículo intento, por parte de la poderosa industria cinematográfica Francesa, de colonialismo cultural. Toda una miríada de falacias bajo un disfraz costumbrista insostenible. Incapaz de engañar a nadie más allá de las fronteras del país Galo. Como esperpento podría haber tenido su gracia. Deleznable.

Sinopsis

En la Francia de la posguerra se desenvuelve como puede Knock (Omar Sy), un buscavidas  sin oficio ni beneficio, que decide hacerse médico e instalarse en un pueblecito del Valle del Marne (Saint – Maurice). Ahí aprovechará para aplicar, a base de picaresca y seducción, un método médico completamente amoral que le permitirá lucrarse económicamente.

Opinión

Inmersos como estamos en plena posmodernidad, nos es complicado analizar con cierta perspectiva y ecuanimidad la época que nos ha tocado vivir, pero a veces es estrictamente necesario.

El doctor de la felicidad es hija de su tiempo en el peor de los sentidos (lleva la fecha de caducidad impresa), dado que aglutina e incurre en una cantidad ingente de vicios, muy propios de nuestra era, que acaban resultando ofensivos. A destacar: La necesidad imperiosa de falsear el pasado, o bien acercarse a él con ojos del presente.

Hélène Vincent interpreta a la viuda Pons y Omar Sy es el doctor.

Si un niño entrase al cine a ver la película, saldría con la certeza absoluta de que el epíteto de la sociedad rural francesa de los años 50, era la tolerancia y la impermeabilidad al racismo recalcitrante. A pesar de que aún hoy, 68 años después de la época en la cual está ambientada, continua vigente. En especial en un país eminentemente clasista, como lo es el de nuestros vecinos. Si quieren comprobarlo pueden comprar un billete a Paris, y darse una vuelta por sus barrios marginales. En el caso compresible de que prefieran dejar la experiencia para otro día, bastará con revisar la película La Haine (Mathieu Kassovitz), o leer Voyage au bout de la nuit de Louis-Ferdidand Celine para saber de lo que hablo.

Omar Sy es el doctor Knock y Christian Hecq interpreta al cartero

Y qué decir de la infinita caradura histórica, a la hora de publicitar su Rèsistanceante la ocupación Alemana durante la 2º Guerra Mundial. Precisamente, si algo nos permite la posmodernidad, es Googleary descubrir en cuestión de segundos (voilà) que tal resistencia fue residual y efímera (de hecho París fue finalmente liberada por Republicanos Españoles exiliados). Un mito engordado a lo largo de décadas cuyo fin último, al igual que el de la película que aquí nos atañe, es el de redimirse  y tratar de borrar burdamente las vergüenzas históricas.

Y es que más allá de ficciones que convierten a “El doctor de la felicidad” en una cochambrosa ucronía; en términos estrictamente cinematográficos, la película carece de ritmo y se bambolea en una constante mezcolanza de géneros (drama, cine costumbrista, comedia disparata, cine social…) que le lleva a naufragar ante el primer temporal. La interpretación de los actores transcurre entre el bochorno y la incredulidad, para finalmente acabar convirtiéndose en mera caricatura sin el menor atisbo de profundidad. Por último, el clímax y el desenlace obligan al espectador a abandonar la sala, o bien apartar la mirada de la pantalla.

Omar Sy y Christian Hecq en una imagen de la película “El doctor de la felicidad”

Conclusión

Por destacar algún aspecto positivo: tanto el bonito paisaje bucólico como el acierto a la hora de elegir las localizaciones, invita a visitar Saint – Maurice, el pueblo en el que cual se desarrolla el grueso de la película. Aunque después de casi dos horas de superchería y simpatía meliflua, seguro que fuera de la pantalla acaba (también) decepcionándonos.

Crítica de El doctor de la felicidad: Topicazo bastante ridículo
DIRECCIÓN3
GUION1
INTERPRETACIÓN3
LO BUENO
  • Las localizaciones.
LO MALO
  • Absolutamente todo lo demás.
2.3Nota Final
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