“Reparar a los vivos”, adaptación cinematográfica del bestseller homónimo de Maylis Kerangal, está dirigida por Katell Quillévéré y ha sido nominada a un premio César como mejor guión adaptado.

Crítica de la película “Reparar a los vivos”

Hay veces que una película, incluso antes de verla, no convence. Ni siquiera si ha sido dirigida por Katell Quillévéré, nominada en el festival de Cannes a la mejor ópera prima y ganadora del premio Jean Vigo por Love like poison en 2010. Tampoco si la música ha sido compuesta por Alexandre Desplat, uno de los mejores compositores de bandas sonoras de cine de la historia, responsable de la música de La chica danesa, The imitation game o Harry Potter y las reliquias de la muerte y con un óscar a sus espaldas por El gran hotel Budapest.

El problema de “Reparar a los vivos” era claro: el título me parecía horroroso. Una película que trata sobre trasplantes de órganos que se llama así me sonaba a historia con moralina, una especie de autopromoción para vender las virtudes de hacerse donante.

Cirujanos operando en la película "Reparar a los vivos"

Cirujanos operando en la película “Reparar a los vivos”

Así que me senté en la butaca del cine sin muchas esperanzas. En los primeros minutos, cuando tres adolescentes van a surfear, la directora se recrea haciendo juegos de cámara con las olas, las mareas y la superposición de planos. En este punto empecé a sospechar que quizá mis prejuicios me habían jugado una mala pasada. Después de un buen rato de juegos –se puede percibir incluso el disfrute casi infantil de Quillévéré al colocar la cámara- intuí finalmente que la película iba a suponer una experiencia parecida a hacer surf: no sabía en qué momento podía caerme, pero mientras tanto me iba a dejar arrastrar por la potencia de unos planos que estaban pensados para relajarse y confiarse. Lo que no sabía es que en cuanto me hubiera confiado por completo, Quillévéré iba a aprovechar para sacar la artillería pesada y disparar por la retaguardia.

Emmanuelle Seigner, Kool Shen y Gabin Verdet en la película

Emmanuelle Seigner, Kool Shen y Gabin Verdet en la película

Y eso es exactamente lo que hizo. Después de surfear, los chicos inician el camino de vuelta casa. En la furgoneta, el conductor se queda dormido y tiene un accidente –una de las mejores formas que he visto de narrar visualmente un accidente de tráfico-. Dos de ellos se salvan, pero Simon (Gabin Verdet), que no llevaba el cinturón de seguridad, sufre un traumatismo y entra en muerte cerebral. El responsable de la unidad de donaciones del hospital, Thomas (Tahar Rahim) se pone en contacto con los padres (Emmanuelle Seigner y Kool Shen) para ofrecerles la posibilidad de donar los órganos del adolescente. Mientras tanto, en París, Claire (Anne Dorval) espera urgentemente un trasplante de corazón para no morir.

Bouli Lanners y Tahar Rahim en una escena de "Reparar a los vivos"

Bouli Lanners y Tahar Rahim en una escena de “Reparar a los vivos”

En realidad la estructura de la película está organizada como si fueran tres relatos diferentes –el adolescente que muere y su familia, el personal del hospital y la mujer que espera el corazón- que se interrelacionan gracias al trasplante de órganos. De hecho, se puede apreciar claramente, a nivel narrativo, el punto y aparte en cada una de las historias.

Kool Shen haciendo surf

Kool Shen haciendo surf

Conclusión de la película “Reparar a los vivos”

Resulta difícil evaluar una película así. Queda clara la intención de llenar de emotividad la pantalla del cine y sacar casi a la fuerza las lágrimas del espectador. Siempre me ha parecido un recurso fácil y oportunista, pero está tan bien realizada, tan bien narrada y tan bien estructurada que estoy dispuesto a no tenerlo en cuenta. Es más, vale la pena pasarlo por alto con tal de disfrutar de una hora y media tan intensa como la que proporciona la película “Reparar a los vivos”.

Crítica de la película "Reparar a los vivos": Sentimentalismo del bueno
DIRECCIÓN9
GUION7
INTERPRETACIÓN9
LO BUENO
  • La banda sonora, responsable de las lágrimas y gran parte de la emotividad.
  • La escena del mar en la que los adolescentes van a surfear.
LO MALO
  • La intención casi enfermiza por intentar sacar las lágrimas.
  • El título.
8.3Nota Final
Puntuación de los lectores: (1 Voto)
9.9

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