Crítica Hasta el último hombre: La obra maestra del cine bélico

Mel Gibson dirige ‘Hasta el último hombre’ una película impactante, heroica, dramática, emocionante basada en hechos reales. Cine con mayúsculas.

Crítica de la película ‘Hasta el último hombre’

Hasta el último hombre es una película ejemplar. La dirección es impoluta, la implicación de los actores en la interpretación de personajes es total (Hugo Weaving está para que le premien mientras que Vince Vaughndespués de haber estado irremediablemente encasillado en papeles cómicos, se abre camino a que lo tomen en serio), la realización es impecable, y la historia no puede ser más atractiva. Mel Gibson, los tiene cuadrados y no tiene ningún problema en ponerlos encima de la mesa para crear una apasionante historia rebosante de patriotismo y heroicidad sin dejar de lado la necesaria visión crítica de los hechos.

Vince Vaughn es el sargento de 'Hasta el último hombre'
Vince Vaughn es el sargento de ‘Hasta el último hombre’

El guión de Robert Schenkkan (Mini serie The Paciffic), Andrew Knight (El maestro del Agua, 2014), no está mal, pues cuenta con los elementos apropiados para hacer un buen guiso. No son únicos. No son innovadores. Son ingredientes que cualquiera podría tenerlos al alcance de la mano pero que, enlazados convenientemente, y cocinados por el chef Gibson, pueden convertirse -como de hecho ocurre- en uno de los platos más suculentos del panorama cinematográfico.

Así una historia sencilla, protagonizada por un chivo sencillo como Desmont Doss (Andrew Garfield), se convertirá en un apasionante viaje audiovisual que removerá conciencias, sentimientos y emociones. La trama es tan sencilla -e inusual- como esta: Desmont Doss, un chaval de un pueblo de Estados Unidos, quiere servir a su patria como médico en la Segunda Guerra Mundial. Sin embargo, el joven deberá hacer la instrucción militar como todo el mundo, es decir, deberá portar el arma reglamentaria y aprender a usarla, además de cumplir con todas las demás tareas y entrenamientos. Cualquiera que va a ir a la guerra daría esto por sentado, ¿no? Pues he aquí lo inusitado del caso: Desmont Doss es objetor de conciencia declarado, lo cual significa que por principios no tocará un arma.

La película, dividida en dos partes diferenciadas, está llena de conflictos morales. No están impuestos ni buscan el resultado directo sobre la audiencia. Hasta el último hombre enviará su mensaje a través de dos partes de la película bien diferenciadas. Primero se centrará en que el espectador conozca a fondo la candidez de una persona, Desmont Doss, que se atreverá a ir al encuentro de una muerte casi segura, para prestar servicio a su nación. Sí. Mel Gibson dibujará a la perfección un patriota, dotándole de méritos tan desprestigiados -y confusos en la actualidad- como lo son el valor, el honor, el arrojo, la perseverancia, el coraje, la lealtad, la entrega y la voluntad. Para ello definirá muy bien la personalidad del joven, interpetado por un Andrew Garfield (The Amazing Spider-Man, 2014) tan parado, que casi parece que se limita a poner cara de tonto -o de buena persona, según se mire-, para dejar claro el infinito punto de bondad del que partimos.

Andrew Garfield y Teresa Palmer en una imagen de la película
Andrew Garfield y Teresa Palmer en una imagen de la película

Luego, aparecerán otros personajes imprescindibles para aportar una perspectiva al justificado, pero lineal personaje. Así conoceremos al padre de Desmont, Tom Doss (Hugo Weaving), ex veterano de la Primera Guerra mundial, alcohólico, que aportará un sentimiento pragmático sobre la realidad de la guerra. Hego Weaving, a pesar de interpretar a un personaje al borde de la exceso discursivo, humanizará un personaje típico, el borracho paria, contraponiéndose con buen resultado al protagonista de la historia y logrando justificar cada decisión de este.

Más tarde, y tras una parte de formación que recordará inevitablemente a la famosa La Chaqueta Metálica (1987) de Stanley Kubrik, el protagonista será lanzado a la guerra, a la batalla de Okinawa, para mostrar todo, absolutamente todo, lo que un soldado debe encarar en el frente. Y es aquí donde Mel Gibson hace acopio de “bemoles” para impactar con fuerza al confiado espectador.

Andrew Garfield en una fotografía del rodaje de Hasta el último hombre
Andrew Garfield en una fotografía del rodaje de Hasta el último hombre

La película, como preludio, abre con una escena de lo que al confiado Desmont le espera en la batalla de Okinawa… pero es en realidad el espectador quien no tiene ni idea de lo que hay. Violencia, gore, muerte, dolor… Jamás en la historia del cine nadie ha representado antes lo cruento de la batalla con tanto realismo y precisión. No hay tiempo de descanso. No hay respiro. La inmersión en la escena es inevitable. Todo lo acontecido hasta el momento cobra sentido, magnitud y grandeza. A pesar de las duras imágenes, no hay nada gratuito ni glorioso. Es el reflejo exacto de la guerra. No hay buenos. No hay malos. No hay héroes. Sólo hombres enfrentados. La última mitad de la película revolverá las entrañas de todo el mundo a todos los niveles y será fantástico. Porque Mel Gibson logra poner sobre la palestra todos los puntos de vista posibles de varios conflictos -el ético, el moral, el político, el bélico- sin dar ningún discurso más que lo mostrado en la primera parte y habrá cumplido un objetivo casi imposible de lograr en estos tiempos: La conmoción, la reflexión y la aprobación del público.

Andrew Garfield intrepreta al objetor de conciencia Desmont Doss
Andrew Garfield intrepreta al objetor de conciencia Desmont Doss

Hasta el último hombre es sin lugar a dudas una de las mejores películas del 2016 y la mejor, me atrevo a afirmar, del género bélico de toda la historia. Eso sí. El que entre a la sala del cine debe entrar concienciado de que la aparente amabilidad fílmica -digo aparente porque todo encierra un significado que va más allá de lo previsto- en cuanto los soldados ponen el pie en el territorio enemigo. Advertidos todos, es imperativo disfrutar la película en una buena sala de cine.

DIRECCIÓN
9
GUIÓN
8
INTERPRETACIÓN
8
EDICIÓN
10
EFECTOS VISUALES
10
Nota de lectores17 Votos
8.7
LO BUENO
Es tan realista e impactante como el mensaje.
Mel Gibson demuestra que la heroicidad, el valor y el patriotismo no son incompatibles con el (posible) mensaje antibelicista.
Hasta la fecha, la mejor película del cine bélico.
LO MALO
Es fácil quedarse en la superficie de lo narrado, sobre todo en la primera parte, y no entrar en la profundidad de cada propuesta.
9
¿Te unes?