Juan Vera rueda muy de cerca el vértigo de quien toca con la punta de sus dedos el desamor, y lo hace de una manera increíblemente honesta, algo muy de agradecer.

El amor menos pensado

Contaba hace pocos días el bueno de Carlos Santos, en uno de esos programas de radio que ponen a deshoras, las andaduras de la gente que frecuentaba un bar de Madrid desaparecido hace ya algunos años, el Aviador. Por como lo describía, debió de ser aquel un sitio mágico, un lugar de encuentro para gentes a la huida, un rincón de ensueño con aires de reencuentro, el poso que dejó el mejor de los madriles.

Si el director de El amor menos pensado, Juan Vera, hubiera pensado en Madrid, además de en su Buenos Aires querido, para recrear alguna de las escenas de su película, probablemente hubiera escogido el Aviador como telón de fondo de su historia.

Mercedes Morán y Ricardo Darín en la película.

Sinopsis

El amor menos pensado cuenta la historia de Marcos (Ricardo Darín) y de Ana (Mercedes Morán), una pareja que tras veinticinco años casados, tiene que enfrentarse al vacío que deja el hecho de que su hijo haya optado por cruzar el charco y vivir su vida al margen de la de ellos. Este suceso común, la despedida de esa parte de ellos que no querrían que se alejase nunca, se torna en el desencadenante de algo mucho más profundo, de algo irreversible, el despertar de su cotidianidad adormecida. Es el fin de su vida en común.

Tratan desde ese momento, por separado, de dar respuesta a todas aquellas preguntas que creían enterradas para siempre, y que resultaron estar tan solo adormecidas. Se trata de reflexionar sobre la soledad, el deseo, el amor y la amistad. De volver a caminar a tientas, de no seguir ya los pasos suyos, de hacerse a un lado y no estorbar, de tomar cierta distancia, de aprender a no olvidar.

Se trata, al fin y al cabo, de reivindicar el amor sincero.

Mercedes Morán, Ricardo Darín y el director de la película “El amor menos pensado”, Juan Vera.

Opinión

El que fuera productor de, entre otras, Luna de Avellaneda, Juan Vera, se estrena en la dirección con esta película redonda de personajes existencialistas. Rueda sin imposturas una película vital, optimista, cercana, y lo hace sin artificios, sin usar medias tintas y sin engañar a nadie.

La rueda sin entrometerse, sin dejar tampoco que otros lo hagan, actuando de testigo mudo de una historia fraguada a fuego lento. Y a las mil maravillas lo hace. Algo que en días como estos, es de agradecer.

Y es que el peso de la historia recae en los personales de Ana y de Marcos, genialmente interpretados por Mercedes Morán y Ricardo Marín, quienes ya coincidieran en la comedia dramática Luna de Avellaneda. La película esta vez hace de lienzo perfecto para dar rienda suelta a su complicidad. Se muestran cómodos, divertidos, ilusionados con lo tienen entre manos. Y eso se nota en el resultado final.

Es Mercedes Morán quien lleva el peso de la actuación, desnudando cada frase y acertando en cada escena. Y es Ricardo Darín, por su parte, quien atina siempre en cada réplica.

Ricardo Darín y Mercedes Morán en la película “El amor menos pensado”

Conclusión

El resultado es una comedia romántica muy bien empaquetada, que traslada al espectador al universo de este buen cine argentino de los Campanella, Mignogna o Aristarain, y que acierta con un tema que no conoce fronteras y que reconforta, de adentro hacia fuera, el espíritu. Es el cine del gusto por la plática.

Crítica el Amor menos pensado: Opinión de la película
DIRECCIÓN6
GUIÓN7
INERPRETACIÓN8
LO BUENO
  • La interpretación colosal de Mercedes Morán.
  • Los toques de humor constantes.
  • Las conversaciones que son repaso de una vida.
LO MALO
  • Algunas canciones pueden no entenderse a este lado del charco.
7Nota Final
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