Este viernes llega a nuestros cines Yomeddine, un film bizarro en el sentido italiano y francés de la palabra, donde Beshay (Rady Gamal), una persona deforme a causa de la lepra que sufrió años atrás, y de la que ya está curado, recorrerá, en busca de la familia que lo abandonó de niño a la puerta de una leprosería, la zona sucia de Egipto, la cara b, muy lejos de la estampa idílica de las postales o los catálogos; un Egipto caótico, vil, clasista e inhumano. Como cualquier otra región del mundo, vaya, pero con un poco más de calor, un poco más de arena y un poco más de miseria. Le acompañará en su viaje un niño huérfano (Ahmed Abdelhafiz).

Tanto el pase de la película de Yomeddine, como la posterior entrevista a su director, A.B. Shawky, se produjeron en la casa árabe de Madrid; un edificio neomudejar, bastante llamativo, situado en la calle Alcalá. Cuando entré en el edificio con la intención de formular mis preguntas, dos días habían pasado desde que asistí al pase de Yomeddine. El justo para rumiarla. La jefa de prensa de la distribuidora -supongo que ese debe ser su cargo- me preguntó antes de pasar a entrevistar, a bocajarro, si me había gustado la película. Me pilló de sorpresa su pregunta, y, por tanto, no pude evitar mentir y decir que si, que me había gustado. Ella, por supuesto, se dio cuenta de mi mentira y, justo a continuación, recitó, con formalidad profesional y una sonrisa, los reconocimientos que la cinta había recibido: Seleccionada a concurso en el festival de Cannes; seleccionada por Egipto para representar al país en los Oscars; Seminci de Valladolid, etc. Yo sonreí sin saber muy bien qué decir, pero ella salió de nuevo al quite y me dijo: “Es una película que está gustando mucho al público ¿sabes?” Yo no respondí, solo sonreía, y me limité a cruzar la puerta que me indicaba y que daba a una sala de juntas donde se encontraban el director y una mujer rubia, muy maja, que se encargaba de hacer la traducción simultánea. Me senté frente a los dos, a una distancia muy cercana, y sin mediar palabras o gestos de cortesía, me conminaron a que comenzase.

Ahmed Abdelhafiz y Rady Gamal en la película Yomeddine

Ahmed Abdelhafiz y Rady Gamal en la película Yomeddine.

Entrevista a A.B. Shawky, director de Yomeddine (El día del juicio final)

¿Cómo llegaste a esta historia? ¿Cuánto tiempo estuviste detrás de ella?

Hace diez años hice un documental sobre una leprosería en Egipto y pude escuchar muchas historias de gente que había sido abandonada allí cuando eran niños. Gente que jamás había vuelto a ver de nuevo a sus padres. Pensé que ahí había una road movie interesante. Hasta 2013 no empecé a escribir el guión. Nos ha llevado 5 años hacer la película.

¿Crees que la sociedad en general – y, en este caso, la egipcia en particular – tiende a la inhumanidad?

No. Por supuesto que no. Ninguna sociedad tiende a la inhumanidad. Yo creo que esto es un fenómeno mundial. Hay mucha gente que se preocupa de cosas que no entiende. Como puede ser la lepra.  La lepra es una enfermedad que la gente, en general, desconoce. Se asustan por la posibilidad de contagiarse. No les gusta estar cerca de personas que parecen diferentes. Esto se puede aplicar a cualquier cosa. La gente tiene miedo de todo. Ahí tienes el resurgimiento del fascismo, por ejemplo, en todas partes, no solo en medio oriente, sino en muchas lugares como Europa o Estados Unidos. La gente se olvida del error humano. La gente ve a los humanos diferentes menos humanos, y más como cosas. Este hecho puede ser muy destructivo.

¿Hay, por tanto, posibilidad de redención a través del cine?

No creo que vaya a haber una película que lo cambie todo. Quizá puede ser a nivel individual. Un individuo puede ver una película y cambiar, pero las masas no van cambiar. Las masas actúan de manera diferente y los individuos se comportan de manera diferente dentro de esas multitudes. Si una película puede cambiar a una persona su punto de vista, es genial, pues es lo máximo a lo que el cine, en mi opinión, puede aspirar.

En un momento dado de la película homenajeas a Freaks, de Tod Browning, ¿qué otras películas te sirvieron de inspiración, de combustible?

Una (película) muy específica fue El hombre elefante, de David Lynch. Hay una secuencia en Yomeddine, en el tren, cuando Bershay grita: “Soy un ser humano. Soy un ser humano” que es un homenaje claro a ella. Vi El hombre elefante cuando era muy joven, y me emocionó mucho. La propuesta que utilizó Lynch de mostrar a una persona el suficiente tiempo como para olvidar la apariencia que tiene esa persona y poder acabar viéndola como lo que es, como un ser humano, es algo que yo quería hacer. Quería homenajear esa idea.

Ahmed Abdelhafiz y Rady Gamal, actores en la película egipcia Yomeddine

A colación de la segunda pregunta: ¿Crees que hay una querencia por parte del ser humano hacia el mal; o crees que es el sistema de valores impuesto el que le lleva a realizar acciones negativas, inmorales?

Creo que la clave de todo es la educación. Cómo te educan; cómo te crían; qué te cuentan cuando eres niño… Si te enseñan que el otro, sea lo que sea el otro, alguien diferente a ti ya sea por cuestiones culturales, idiomáticas o raciales, es inferior a ti, están elaborando una receta para el desastre. Para el fracaso total, ya que, cuando tu crezcas, enseñarás eso a tus hijos. Es un poco la crisis a la que nos enfrentamos en el mundo entero. Puede ser un cliché, pero el diálogo es la herramienta más fuerte para contrarrestar algo. A mi me han educado para dialogar con las personas con las que no estoy de acuerdo. A veces hay dos extremos que no se quieren hablar entre si, cada uno está en su propia burbuja, y nadie tiene las herramientas necesarias para tender puentes.

Egipto es un país donde el turismo ocupa una parte fundamental de la economía, ¿tuviste muchas trabas para sacar la película adelante, para mostrar ese lado sórdido, esa cara b?

No. Antes de que saliera la película éramos absolutos desconocidos. De forma irónica, esto nos favoreció porque nadie consideraba que la película pudiera tener éxito. Pero al mismo tiempo, no estoy de acuerdo en que la película muestre una parte negativa de Egipto. Muestra una parte diferente de Egipto. En lugar de mostrar el Egipto turístico, muestra un Egipto humano. La lucha humana. Este es el aspecto universal que tiene la película. Si una persona ve a otra persona luchar, tiene una conexión con ella, sin importar del lugar que venga.

Hay un momento en la película, hacia el último tercio, que el personaje protagonista viene a decir algo así como “no importa que al final no lo hayamos conseguido, al menos hemos visto mundo”. Me recordó al poema inicial del libro “Viaje al fin de la noche”, de Louis – Ferdidand Céline, que en uno de sus versos dice: “nuestro viaje es por entero imaginario”. ¿Qué es para ti “el viaje”? ¿Qué motivos lo mueven? ¿Son esos motivos un truco para llegar hasta el final?

Para los personajes principales el viaje forma parte de la aventura. Es necesario para que ellos se den cuenta que el hogar estaba delante de sus ojos, ya que no lo veían. Alguien puede buscar su hogar durante mucho tiempo sin entender realmente quién es o dónde podría estar. Es difícil de encontrar. No necesariamente es el lugar donde nacimos. Es el lugar donde acabamos, es el lugar al que sentimos que pertenecemos, donde está nuestra identidad. Ese es el concepto de “hogar”. Ese es el porqué del viaje.

Cuando salgo de la sala, la encargada de prensa está sentada. Se levanta al verme aparecer y me pregunta, de nuevo a bocajarro, “¿qué tal la entrevista?” Esta vez no puedo permitirme quedar de nuevo como un mentiroso, así que, sin establecer casi contacto visual, contesto “muy bien” y me encamino, con celeridad, hacia la salida. Hay gestos que no necesitan traducción simultánea.

Tráiler de Yomeddine (El día del juicio final)

Hacer Comentario

Su dirección de correo electrónico no será publicada.

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.