El terremoto definitivo asolará las veraniegas pantallas de los cines. Dwayne Johnson es el protagonista de esta divertida película de destrucción masiva donde el terremoto más bestial de la historia barrerá la costa oeste de Estados Unidos.

San Andrés. Crítica de la película

San Andrés es un concepto de película que debería ser usado en un videojuego. Lejos del aburrido sopor de tener que aguantar dos horas de impresionantes efectos especiales, la cinta se las arregla para mantener la atención a costa de la constante destrucción de la ciudad y masacre de los ciudadanos. Diversión en la desgracia ajena. Emoción en el desmoronamiento arquitectónico… y unas sutiles dosis de humor para hacer llevaderas las escenas entre temblor y temblor. El fin del mundo como siempre y a lo bestia, eso sí sin escatimar en cuanto a despliegue efectista.

El equipo de rescate que lidera Dwayne Johnson

El equipo de rescate que lidera Dwayne Johnson

Llegado el verano, Warner Bross vuelve a la carga con otra producción de desastres naturales. El año pasado la distribuidora nos ofreció “En el ojo de la tormenta”, una desafortunada propuesta a base de tornados que dejaba bastante frío al espectador con su forzado corte sentimentalista. Ahora, y con mucho mejor criterio, la distribuidora nos propone San Andrés (2015), donde el tema principal, una sucesión de desproporcionados terremotos, hará felices a todos aquellos que busquen emular la diversión y la emoción de las montañas rusas.

Como hilo conductor encontraremos dos tramas creadas para la ocasión: una científica, que busca certificar un modelo predictivo de terremotos; y la que está protagonizada por el grande de Dwayne Johnson, consistente en localizar y rescatar de los escombros a su ex mujer y su querida hija veinteañera (y bien “fresquita”, como comentaron algunos de mis compañeros en el pase). Dos lineas argumentales muy ligeras y apropiadas para el tipo de cine que se espera.

Dwayne Johnson y Carla Gugino en busca de la hija

Dwayne Johnson y Carla Gugino en busca de la hija

No entraré en las muchas concesiones que hay que hacer para creerse alguna de los improbables situaciones a las que sobreviven los protagonistas. No tiene sentido. Sería como criticar la capacidad de volar de un super héroe. Sin embargo, que hayan optado por Dwayne Johnson para ser el héroe de la aventura, es un indudable acierto. Nadie como uno de los representantes oficiales de tíos duros del actual panorama cinematográfico para llevar el peso de todas esas imposibles acciones. Hasta el drama se toma un respiro para dejar al titánico de Dwayne que acabe las reconfortantes palabras de esperanza que dedica a su ex mujer antes de lanzarse a rescatar a la hija (Alexandra Daddario).

Una hija que se echa un noviete (Hugo Johnstone-Burt) y que, gracias a los nuevos tiempos, no necesita de este para arreglárselas sola siendo ella la que maneje sin titubeos la situación de emergencia… y un ocurrente hermano pequeño del noviete (Art Parkinson)… Vamos, que San Andrés (2015) logra el reparto familiar al más puro estilo Globomedia (Los Serrano, Un paso adelante) y consigue que funcione… o por lo menos que no se les hunda el chiringuito (qué ironía entre tanto hundimiento tectónico), que no es poco. Hasta los amantes de Big Bang Theory podrán sentirse a gusto con la parte científico técnica en la que un científico (Paul Giamatti), lidera al grupo de jóvenes alumnos encargados de alertar, explicar y justificar los acontecimientos tectónicos. Explicaciones que tanto sirve a los desafortunados habitantes de la costa oeste como a los palomiteros espectadores que no ven el momento de que suceda la próxima catástrofe predicho por los cerebrines. ¿Qué tocará a continuación? ¿Un maremoto? ¿Un terremoto? ¿El armagedón?

En primer término Alexandra Daddario, a su izquierda Art Parkinson y a su derecha Hugo Johnstone-Burt

En primer término Alexandra Daddario, a su izquierda Art Parkinson y a su derecha Hugo Johnstone-Burt

Ambas tramas están rodeadas de muertes por doquier y en ninguna de las dos situaciones afectan en lo más mínimo a sus protagonistas. Algo que es muy de agradecer y de alabar. ¿Para qué se va a dotar de falso dramatismo a una película cuyo reclamo es ver como se hace trizas todo? ¡El aplastamiento crítico se ceba con todas las personas que corren hacia ninguna parte! ¡Esto es espectáculo puro! Eso sí, espectáculo aséptico y sin que ningún cadáver afee las descompuestas calles de la ciudad. Edificios enteros desmoronados, gente despavorida intentando salvarse del enterramiento y ¡consiguen que nos importe un pimiento sus vidas! ¡Bravo! Mientras que el núcleo familiar o afectivo no se vea comprometido, ¿a quién le importan sus conciudadanos? Este desprendimiento emocional es sin duda una postura enormemente inteligente. San Andrés (2015) es consciente de que no hay manera humana o divina de encajar un argumento de calidad en una película de estas características y resuelve con superficialidad decorativa. El argumento es tan estético como los adornos de la montaña rusa: no es que aporten mucho a la experiencia, pero ofrecen algo con lo que distraerse mientas esperas el turno para subirte a la atracción.

Paul Giamatti y Archie Panjabi protegiéndose de un terremoto

Paul Giamatti y Archie Panjabi protegiéndose de un terremoto

Cada muerte es divertida, cada aplastamiento es una fiesta. Nadie muere de una forma dramática. Donde antes había una aterrorizada persona, ahora hay un enorme bloque de hormigón. Punto y final. Sin dramatismos, sin familiares que lloren las pérdidas, sin consecuencias ni emoción para los protagonistas. Sin afectación alguna, y lo que es aun mejor, sin pretensión de lograrla, la película se convierte en un aséptico entretenimiento audiovisual de muerte y destrucción. Ni el Súper Mario Bross es tan blanco a la hora de aplastar setas y tortugas.

Art Parkinson, Alexandra Daddario, Hugo Johnstone-Burt en mitad de la inundación.

Art Parkinson, Alexandra Daddario, Hugo Johnstone-Burt en mitad de la inundación.

Todos los esfuerzos de convencer al público han sido puestos en el increíble despliegue de efectos visuales y el explosivo sonido. Cada derrumbamiento, cada plano, muestra el desmoronamiento de medio país (ya sea centrándose en unos pocos metros cuadrados o a vista de pájaro). Siendo en conjunto una obra de arte que no sólo convence, sino que logra poner los pelos de punta. Y es que una vez que comienza el temblor, la película no da respiro hasta que algo enorme (ya sea una montaña, un rascacielos, media ciudad, un insondable abismo o un maremoto infernal) llega a su espectacular clímax potenciado con el impecable sonido de demolición. San Andrés (2015) debe verse en una sala donde el equipo funcione a la máxima potencia. Donde la calidad de la sala se mida en decibelios. El 3D es perfectamente opcional, pero como el sonido no esté al rendimiento exigido, olvídense de vivir la única gracia de la película.

Sin esperanza, San Andrés (2015) es tan visualmente impactante, y tiene una escalada tan exagerada de destrucción, que logrará que el espectador quiera llegar a ver como el mundo se parte por la mitad. ¡Qué rico está el fast food cinematográfico y qué bien sienta cuando se lo come uno con ganas!

San Andrés. Entrevista a Dwayne Johnson

San Andrés. Trailer de la película

Crítica de San Andrés (2015): La película de desastres definitiva
DIRECCIÓN8
GUION7
INTERPRETACIÓN5
EFECTOS ESPECIALES10
SONIDO10
LO BUENO
  • Audiovisualmente impactante y espectacular. Todo un fantástico despliegue de capacidad técnica.
  • El fantástico logro de conquistar a la audiencia por medio del espectáculo.
  • Muertes, aplastamientos, defunciones... Da igual, porque como no se ve nada, no se siente nada.
LO MALO
  • Sin que se carguen la espectacularidad, los últimos minutos de la película intentan ser algo sentimentales...
  • Que no hayan tenido el arrojo suficiente como para que sean dos horas seguidas de temblor incesante y destrucción infinita...
  • La película pedía una traca final que llegara a partir el cine en dos.
6.5Nota Final
Puntuación de los lectores: (2 Votes)
4.7

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