Crítica Pozoamargo: Realismo onírico de infatigable pretensión

Natalia de Molina en una escena
Natalia de Molina en una escena

Pozoamargo es la tercera película de Enrique Rivero. De exagerada intensidad y empujado sentimiento, el protagonista tratará de expiar una perversa culpa en un apartado pueblo de La Mancha.

Crítica de la película ‘Pozoamargo’

Pozoamargo o “el hombre que no debía follar pero acababa follando”. Sí. Título explícito y simple. Sin filtros y a pelo. Como el protagonista de la película y las ganas del director de evocar mala hostia en el patio de butacas. ¿Cuánto dura película? ¿Mil años? Densa, sí densa, ¡Y una polla purulenta del personaje protagonista! Pretenciosa, deliberadamente ralentizada, desprovista de guión -o exageradamente llena de él-, llena de nada, no se cansa de empujar a la emoción. Un protagonista tan intenso como insulso, una Natalia de Molina tan naif como forzada en su interpretación de Lolita de pueblo. Una película que pretende contar una historia tan emponzoñada que acaba siendo arrastrada a su propio abismo de la amargura. Lo mejor sin duda la cuerda interpretación de Xuaco Carballido, un actor que está por encima del bien y del mal porque es el único que ha sabido asentar su peso entre tanta exaltación pasiva. Indiscutible, algo que es digno de Goya, la fotografía de Gris Jordana, sin embargo deslucida por la estacionalidad -injustificada- y la excesiva recreación en la imagen en sus dilatados planos.

Campos en una escena de la película
Campos en una escena de la película

El director Enrique Rivero deja a los actores ahí, a la deriva, a su aire. Empezando por el actor principal, Jesús Gallego, sobre el que recae el peso de toda la producción, que no hace más que remolcar un sentimiento de culpabilidad tan vacío como la intención. Luego está Natalia Molina, con un personaje pobre, tonto, absurdo, naif, revoloteando cual mariposilla oscilando entre rachas de viento. Haciendo lo que puede -o cree que puede- durante su escueta aparición.

Enrique Rivero tenía miedo de trabajar con los actores porque cuando trabajó con ellos antes de hacer películas, no era capaz de sacar de ellos lo que quería. Supongo que cuando habla de “actores” se refiere a aquellas personas que han estudiado o desarrollado su carrera de forma profesional en la interpretación escénica. Está claro que sigue sin poder hacerlo. No sabe dirigir a actores, o no lo ha intentado, y ese es el mayor problema de esta película. Quizá se sienta más a gusto manipulando a no actores -no se me ocurre otra forma de mención-, o, por no parecer tan brusco, indicándolos. La virtud de los no actores es que normalmente nunca dicen que no y siempre se tiran a la piscina -aquellos no actores que quieren ser “sí actores”- porque a diferencia de los profesionales, no tienen ese punto de autocrítica, vital para el crecimiento interpretativo, fatal para el trabajo del momento. Por supuesto, los “no actores”, siempre van a tener problemas con las escenas de sexo.

El infatigable protagonista de la película, Jesús Gallego.
El infatigable protagonista de la película, Jesús Gallego.

Terminando con la cuestión interpretativa y citando a Natalia de Molina: “Jesús Gallego no es actor profesional… si me parece que es un actorazo”. Totalmente de acuerdo. Porque tiene un par de cojones -y no es porque el director nos obligue a vérselos en primer plano un par de veces-, sino porque su entrega es absoluta y ciega. Por lo que le ocurre lo mismo que a un ciego que disputase una carrera sin guía -porque Enrique Rivero no lo guía-, que se va dando hostias con todo lo que tiene por delante. Demasiada intensidad hasta cuando parece que está contenido.

La película de Pozoamargo a penas tiene diálogos, y eso le va muy bien, porque cada vez que se juntan dos actores no profesionales, hablan más de lo que cuentan, de lo que se comunican. Siguen una especie de idea general de palabras para tratar de resolver una escena. Se salvan de la criba las escenas de actores profesionales como Natalia de Molina, Sophie Gómez, o Xuaco Carballido, quienes sí mantienen un diálogo de coherencia. En el caso de Xuaco además sus palabras, dicción, tono, aportan un pilar profundo y único -probablemente sea la escena mejor escrita- en el que se asienta la parte final de la película, rodada en blanco y negro. Un punto y final donde, al contrario de lo insípido de lo mostrado a color, sí llega a calar una emoción interesante más allá de la pantalla. Por lo menos, el frío llega y se admira el anunciado purgatorio.

Una imagen de la película de Pozoamargo
Una imagen de la película de Pozoamargo

Por lo demás, exceptuando las imágenes del glande del protagonista, todo tiene buen gusto. La fotografía de Gris Jordana es excelente. Lo es tanto que, unida a exarcebada la intensidad de culpa, puede llegar a ser un tanto excesiva. Sin exagerar, cada encuadre es, por así decirlo, perfecto. No hay plano que no pudiera estudiarse para describir las líneas, los colores, la intensidad, la profundidad, la intención… No hay movimiento que no persiga la perfección. Tampoco desmerecen ninguno de los apartados técnicos y artísticos que hacen posible la obra. Todos forman un excelente equipo capaz de lograr una película -un fondo- que va mucho más allá de las habituales producciones nacionales. El equipo de pozo amargo logra cine mientras que lo habitual suele dar la sensación de serie, donde lo importante es “tirar palante” y entregar el capítulo. Aquí, desde luego hay arte y entrega. Y esto, también es logro de dirección, claro.

En conclusión Pozoamargo es el delirio de un joven director -haciendo referencia a que fue el primer guión que fue escrito por el director- y que como tal se representa. De hecho, cualquiera podría afirmar que esta es la primera película de Enrique Rivero, tal es la sensación que desprende esta mezcolanza de intensidades pues, hasta echar un piti en el andén de una estación, adquiere una vehemencia desproporcionada. Enrique Rivero es sincero. Enrique Rivero afirma que cada vez que hace una película está aprendiendo. Espero que se haya dado cuenta de que si trabaja con los actores profesionales -ya sea dialogando, improvisando, indicando, manipulando, estresando u obligando (que para eso son actores)-, su interpretación puede ser más con menos.

Trailer de la película ‘Pozoamargo’

DIRECCIÓN
7.1
GUIÓN
1
INTERPRETACIÓN
5
FOTOGRAFÍA
10
Nota de lectores1 Vota
7.5
LO BUENO
Hay muchas ideas. Algunas muy buenas.
La fotografía y el valor profesional de todo el equipo.
Que se presenten retos.
LO MALO
El resultado es demasiado pretencioso.
Se busca la intensidad y se empuja la emoción. Los actores están a su aire y la composición de personajes queda bajo su propio criterio.
La fotografía desluce en ocasiones debido a la prolongada exposición y a la desmedida intensidad de ciertas escenas.
5.8
¿Te unes?