Sean Penn se estrella, cinematográficamente hablando, con ‘Diré tu nombre’. Su última película como director nos muestra claros síntomas de un egocentrismo desmedido que dan como resultado un trabajo invasivo, cursi y frívolo.
Crítica de la película Diré tu nombre
Sean Penn, tras diez largos años apartado de la dirección desde ‘Hacia rutas salvajes’ (2007), ha querido mostrarnos desde dentro los horrores de la guerra pero lamentablemente el tema se le ha ido de las manos… Diré tu nombre –basada en un guión de Erin Dignam- se dibuja así como una película de egos desmedidos; desagradables, gratuitas e ineficaces dosis de realismo; y una historia de amor empalagosa y artificial. Poco bueno se puede decir de una cinta que arranca mal a base de un forzado aire a documental, más cercana a un anuncio largo y mal obrado de Oxfam Intermón, y que terminará sin remedio convertida en un telefilm de sobremesa largo y aburrido, donde ni tan siquiera Charlize Theron y Javier Bardem logran destacar.
Su argumento se centra en la historia de amor nacida entre Wren Petersen (Charlize Theron), directora de una organización humanitaria, y Miguel León (Javier Bardem), un médico perteneciente a Médicos Sin Fronteras, mientras ambos realizaban labores humanitarias en África. Pero un lamentable incidente hará que sus posiciones sobre cómo ayudar en el conflicto se distancien irreconciliablemente, alejándolos sin más remedio.
Diré tu nombre es claramente el último capricho de Sean Penn, que ignorando la realidad de África y del trabajo de las ONGs que residen allí tan sólo logrará demostrar un gran alarde de hipocresía y desconocimiento llegando incluso a indignar al espectador ante su falta de rigor, escrúpulos y honestidad. Un trabajo que claramente había ideado para reclamar alguna estatuilla, ya sabemos lo que gusta en Hollywood un conflicto bélico que incluya historia de amor, pero seguramente nos encontramos ante la peor combinación de ambos elementos en la gran pantalla. Pretende remover conciencias y lo único que consigue es alejarnos de los horrores que vemos en la cinta: sacados de contexto; abusando de sangre y vísceras; y generalizándolos cada cinco minutos. En conclusión logrará que lo que veamos ya no tenga efecto, más allá del puro asco que dan algunas escenas por su absoluta e innecesaria repugnancia.
Mención especial por su falta de rigor merece la secuencia donde el grupo de médicos, desplazados fuera del campo de refugiados para ayudar en una masacre en Sierra Leona, son atacados por una banda que parecerá sacada de la película de La purga -con una mezcla entre pinturas étnicas y elementos carnavalescos-, la cual es liderada por una mujer en tutú ¿en serio? Y para más inri Theron se tirará toda la película sin que nadie “le tosa”, incluyendo dicha escena, mientras viste un pronunciado escote, todo ello en medio de un conflicto bélico, en un país machista y dónde las violaciones están al orden del día.
Javier Bardem y Adèle Exarchopoulos son médicos de una ONG
Y hasta aquí en lo que se refiere al tema bélico de la cinta. Ya aviso que la historia de amor no saldrá ni mucho menos mejor parada. El principal problema será la falta de consistencia de sus diálogos, realmente pobres e insulsos tan sólo centrados en aparentar grandilocuencia pero que resultarán absolutamente vacíos y cargados de una cursilería irritante. Tan poco ayudará la evidente falta de química entre Theron y Bardem, encontrándonos ante el peor trabajo de la carrera de ambos. Un sinsentido de relación completamente desmesurada que no consigue transmitirnos ninguna emoción ni es capaz de conmover.
Llegados a este punto tan sólo podría recomendarle a Penn el visionado de la grandísima Hasta el último hombre, una película realizada con un buen gusto exquisito y que realmente consigue lo que ésta pretendía: el rechazo total del espectador hacia cualquier guerra.