Mirai Mi hermana Pequeña

Crítica Mirai, mi hermana pequeña

Plagada de recovecos grises y agridulces, así como con una capacidad de imbuir en el espectador una abstracción a medio camino entre la alucinación hipnagógica y la poesía más lírica y rimbombante, Mirai, mi hermana pequeña, nominada a los Oscar 2019 al apartado de mejor película de animación, no se lo pondrá fácil al espectador medio – lo cual es siempre digno de elogio -, pero guarda un tesoro en si misma y en el viaje que plantea. No hay recompensa sin sacrificio.

Sinopsis

El primogénito de 4 años de una pareja de jóvenes japoneses, Kun, recibe con histeria y desamparo la llegada a casa de Mirai, su hermana recién nacida. A través de una serie de oníricos viajes, un conocimiento oculto le será revelado a Kun, con el fin de que pueda contar con las armas apropiadas para enfrentarse al futuro que le plantea su nueva situación.

Crítica

Durante los primeros compases de la cinta, todo lo que se nos ofrece es de un costumbrismo de corte exageradamente objetivista, familiar, tan acotado a la realidad que es casi imposible soslayar la pregunta que nos asalta “¿Por qué Mamoru Hosoda eligió el formato animación para contar esta historia?” La respuesta taimada podría ser que se trata de uno de los autores más flagrantes de la animación japonesa de los últimos años (El niño y la bestia; Los niños Lobo); y quien más y quien menos sabe que, destacar en el denso follaje que constituye el sector de la animación en el país nipón, no es cosa baladí.

Crítica de la película Mirai, Mi hermana pequeña

Puestas las cartas sobre la mesa, y habiendo subrayando, quizá, con excesiva reiteración los elementos con los que partimos -la ele con la a: LA. Le ene con la o: NO- , arrancan los motores y un cañonazo de confeti inunda la gran pantalla, recordándole al crítico la falta de paciencia y el haberse pasado de listo, una vez más.

Utilizando una estructura articulada en capítulos cimentados en torno a un personaje que aparece para aportar su propio bosquejo revelador -una suerte de cuento de navidad de Charles Dickens sustituyendo al anciano avaro y acre por un niño impertinente e incontrolado-, asistiremos a una sucesión de historias significativas que rasgarán la coraza egoísta del protagonista para moldearlo, dándole unos sopapos de realidad, pero sin perder el aura mística, esotérica y cosmogónica. Un poco como si Tim Burton, con su particular estética, se atreviese a adaptar una novela de Cormac MacCarthy.

Fotograma de Mirai

El resultado de lo que vemos en la pantalla rebota en el espectador, zambulléndolo en sus propios y serpenteantes caminos, como si las imágenes que se nos muestran fueran un espejo cóncavo de nuestra propia infancia o nuestro propio desarrollo espiritual.

Lo veamos desde el punto de vista que lo veamos, siempre nos encontramos a mitad del viaje, en medio de algún sitio; cuando creemos haber llegado, nuevos obstáculos o nuevas metas se nos revelan; y cuando la entropía, que todo lo gobierna, da con un par de notas que concuerdan, nos asustamos, al intuir que la sincronía, a la que acabamos de asistir, está cargada de simbolismo. Mirai, mi hermana pequeña, no es una película que podamos ver a todas horas ni todos los días. Hay que elegir bien el momento. Pero se agradece, de vez en cuando, un cine capaz de remover hondamente ese lenguaje anterior a toda palabra hablada o imagen filmada.

Trailer

DIRECCIÓN9
GUIÓN7
ANIMACIÓN8.5
LO BUENO
Un auténtico viaje: difícilmente te podrás substraer a su capacidad de imbuirte en tu propia abstracción.
LO MALO
Un primer tercio plagado de lugares comunes un poco reiterativos (probablemente a propósito, buscando acentuar más si cabe el contraste con lo que viene después, empero...).
8.2
¿Te unes?