Los hermanos Paolo y Vittorio Taviani dirigen una película en la que la cuidadísima dirección de arte y la obsesión por la perfección son un obstáculo insalvable en la construcción de la historia.

Crítica de la película ‘Maravilloso Boccaccio’

En 1971 Pier Paolo Pasolini estrenaba Decamerón, la primera película de una trilogía que más tarde completaría con Los cuentos de Canterbury y Las mil y una noches. Si hay algo que consiguió con ellas, y más tarde con el resto de su obra audiovisual, fue encontrar la belleza en la fealdad, el erotismo en la repulsión y el humor en el esperpento. Sería un suicidio artístico para cualquier autor intentar imitar la búsqueda del equilibrio que solo Pasolini sabía conseguir.

Pues bien, los hermanos Taviani han intentado, ni cortos ni perezosos, repetir la fórmula del director italiano en Maravilloso Boccaccio, pero les ha salido un reloj sin manecillas y una Biblia sin Jesús, como diría Paquita la del Barrio.

Jasmine Trinca en Maravilloso Boccaccio

Jasmine Trinca en Maravilloso Boccaccio

Aunque, siendo sinceros, hay destellos de genialidad en los numerosos palos de ciego de los directores. De hecho, en todo momento podemos sospechar de sus intenciones, pero consiguen, desgraciadamente, todo lo contrario: un quiero y no puedo. Y digo desgraciadamente porque es lo más parecido a un buen polvo dejado a medias que me he encontrado nunca (audiovisualmente hablando, claro).

Imagen de la película Maravilloso Boccaccio

Imagen de la película Maravilloso Boccaccio

El primer fallo, bajo mi punto de vista, es que el argumento que envuelve las historias extraídas del Decamerón es una excusa demasiado innecesaria para poner en marcha el mecanismo del guión: un grupo de jóvenes en pleno siglo XIV se refugia en una casa de campo huyendo de la peste que asola la ciudad. Para pasar el rato, deciden que cada uno cuente una historia diferente cada día. El argumento principal, el de los chicos que cuentan las historias, resulta demasiado vacío y solo cumple la función de ser un instrumento para contar los relatos (interpretados, según palabras de los autores, libremente). Ya el propio Pasolini no usó en Decamerón una historia que envolviera todas las demás, pero ya que los hermanos Taviani lo consideran necesario, deberían haber creado una trama un poco más consistente.

Escena de Maravilloso Boccaccio

Escena de Maravilloso Boccaccio

Por otro lado, el problema de las cinco historias es que cuando intentan ser eróticas, parecen dos niños de colegio levantando faldas o cuando echan mano de la dirección artística se les olvida que están en el siglo XIV asediados por el hambre y la peste. Habría que recordarle a los directores que a la gente de esta época le faltaban dientes o los tenían negros, al igual que las uñas y el pelo. Y que el lujo de los castillos no consistía en unas hojas de ventana de madera lacada recién lijada con los suelos tan limpios que parecieran salidos de un museo. Ignoro si las localizaciones son reales o están construidas para la ocasión, pero en cualquier caso la sensación es de decorados de cartón piedra al intentar lograr la perfección estética. Ocurre exactamente lo mismo con los personajes: es bastante inverosímil la belleza de los actores y su buena porte a la hora de vestir.

La actriz Melissa Bartolini es Elissa en Maravilloso Boccaccio

La actriz Melissa Bartolini es Elissa en Maravilloso Boccaccio

De la misma forma las tramas quieren ser tan redondas que acaban quedando cojas. Una de ellas, en las que dos personajes convencen a todo un pueblo para que finjan que un tercero es invisible, provoca situaciones forzadas. O el relato de un convento, donde el vicio asoma la patita, se hace difícil de creer al contener un discurso final demasiado artificial (y previsible).

En definitiva, en Maravilloso Boccaccio la obsesión de los directores por la estética termina provocando la antinaturalidad en diálogos, personajes, actuaciones y decorados, pero no evita convertirlo en un precioso ejercicio estilístico en el que los destellos de genialidad brillan fuertemente, aunque no terminen de conseguir sus objetivos.

'Maravilloso Boccaccio': La obsesión por la perfección
Dirección5
Guión6
Interpretación7
Lo bueno
  • Algunos planos que recuerdan a Pasolini
  • La preocupación por la estética
Lo malo
  • La obsesión por la belleza
  • Las escenas que no terminan de culminar
6Nota Final
Puntuación de los lectores: (1 Voto)
10.0

Hacer Comentario

Su dirección de correo electrónico no será publicada.

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.