Merecedora de la Espiga de Oro en Valladolid y del Premio del Público en Venecia, La fiesta de despedida es una película delicada que consigue tratar, con una profunda humanidad, un tema tan complicado como el de la eutanasia y el derecho individual a decidir sobre la vida y la muerte.

Crítica: La fiesta de despedida

Yehezel coge el teléfono y, haciéndose pasar por Dios, convence a su compañera de residencia Zelda de que no ha llegado su momento de morir: el cielo aún no tiene plazas disponibles y debe seguir luchando y aceptando los tratamientos. Levana, que escucha la llamada, riñe a su marido por su irreverencia, pero lo cierto es que sabe que actúa sin malicia, que la maniobra funciona y que la anciana cogerá fuerzas para continuar. Con lo que no cuentan ninguno es que Zelda quiere hablar con Dios un rato más, así que cuando lo llama de vuelta es Levana quien responde: Dios está en el baño. Esta secuencia inicial, llena de encanto y de un humor latente y pícaro, resume la esencia de La fiesta de despedida: un intento a toda costa de hacer el bien al prójimo que, no obstante, se topa con resultados y circunstancias que no son siempre las esperadas.

Foto de La fiesta de despedida - Crítica

Foto de La fiesta de despedida – Crítica

Tratándose de temas tan complejos y polémicos como los de la eutanasia (castigada con penas de cárcel tanto en Israel como en España), hay una tendencia casi natural (en la vida y, en consecuencia, en el cine) a posicionarse, a aleccionar con ideas y teorías que, a menudo, solo son válidas para aquel que las enuncia. El guión de Sharon Maymon y Tal Granit, por el contrario, evita situarse en una posición demiúrgica desde la que juzgar a sus personajes y lanzar un alegato en favor o en contra, y permite que sean los protagonistas los que tomen y varíen posiciones acerca de una cuestión que afectará y determinará el rumbo de sus vidas.

Foto de La fiesta de despedida - Crítica

Foto de La fiesta de despedida – Crítica

Acertando al situar el argumento en un lugar de convivencia obligada y sin posibilidad real de progreso como es la residencia de ancianos, las historias de amistad y de amor que allí se generan (tanto entre los miembros del grupo como de quienes piden los servicios de la máquina) funcionan en La fiesta de despedida como catalizador y razón detrás de las acciones de los protagonistas, y abarcan una casuística que va más allá del esquema fundamental de vida o muerte; porque el film sí habla de enfermedad y de desaparición pero, casi siguiendo un esquema de bola de nieve que no para de crecer y que no puede ignorarse, la trama habla también de miedo al olvido, de amor traicionado o de egoísmos que no entienden de emociones. Así, futuro e, incluso, verdad o mentira son consecuencias y elecciones de las que el film destaca el calificativo de personales, fomentando un debate interno acerca de la complejidad que supone actuar y juzgar desde la distancia o enfrentarse a las mismas cuestiones cuando estas afectan directamente.

Foto de La fiesta de despedida - Crítica

Foto de La fiesta de despedida – Crítica

Con una puesta en escena sosegada, las interpretaciones son el otro reclamo principal de la película (de hecho en Valladolid las actrices Aliza Rozen y Levana Finkelstein) compartieron premio a Mejor Actriz). Lejos de histrionismos o concesiones a posturas maniqueas, el reparto consigue dotar a sus personajes de mesura y veracidad, aportando los matices necesarios para que esta historia de grises se aleje de estereotipos y se muestre ante el espectador como próxima y casi propia.

Foto de La fiesta de despedida - Crítica

Foto de La fiesta de despedida – Crítica

Sabiendo caminar entre lo complicado de la premisa inicial y un enfoque alejado del tremendismo, La fiesta de despedida resulta, en conclusión, un drama en el que las situaciones, complicadas y tristes, derivan hacia un humor cercano, de ese que se elige cuando se prefiere reír y no llorar. Propuesta más que recomendable para los espectadores que busquen un cine que les haga pensar y plantearse la vida alejada de blancos y negros.

Sinopsis: La fiesta de despedida

Argumento: En una residencia de ancianos de Jerusalén pasan sus días el matrimonio formado por Yehezel (Ze´ev Revah) y Levana (Levana Finkelstein), y su amiga Yana (Aliza Rozen). Cuando el marido de Yana, enfermo terminal, les pide ayuda para morir, esta y Yehezel organizan una pequeña red de ayuda dentro de la residencia y diseñan una máquina de eutanasia que permita cumplir la última voluntad de su amigo. Sin embargo, lo que pretendían que fuera solo una acción puntual pronto amenaza en convertirse en algo más serio cuando conocidos les piden y exigen el uso de su máquina. Aunque Levana se opone en un principio a la idea y lo rechaza, las circunstancias hacen que acabe por entrar en un grupo que, por dudas, intereses y culpas, comienza a fragmentarse.

Cartel de la película "La fiesta de despedida"

Cartel de la película “La fiesta de despedida”

Trailer: La fiesta de despedida

La fiesta de despedida: Crítica de la película
DIRECCIÓN8.8
GUION8.7
INTERPRETACIÓN9
FOTOGRAFÍA8
LO BUENO
  • Los puntos de humor
LO MALO
  • el momento musical, emotivo pero puede sacar al espectador de la película
8.6Nota Final
Puntuación de los lectores: (5 Votes)
9.5

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