Con la llegada de ‘El becario’ a la cartelera asistirenos a una fallida mezcla entre ‘El diablo viste de Prada’ (2006) y ‘Los becarios’ (2013), convirtiéndola así en una mera película de sobremesa televisiva, bastante floja por cierto.

Crítica de ‘El becario’

“¿Dónde te ves dentro de 10 años?” Con esta pregunta, sacada directamente de un manual de reclutación de entrevistas de trabajo, intentarán poner a prueba a Ben Whittaker (Robert De Niro), un viudo de 70 años de edad que se presenta como “el candidato ideal” para una oferta de “becario senior” en una empresa de venta online de moda femenina. Durante 40 años estuvo al frente de la empresa encargada de redactar, maquetar y distribuir las guías telefónicas, ahora está jubilado y las horas del día pasan eternas mirando continuamente el reloj, añorando cumplir una rutina laboral. Pero ¿conseguirá el viejo de Ben adaptarse a los métodos de trabajo de una de esas nuevas compañías denominadas startups?

Robert De Niro y Anne Hathaway en la película 'El becario'

Robert De Niro y Anne Hathaway en la película ‘El becario’

El becario promete más de lo que ofrece. El cartel y trailer nos hacían presagiar una alocada historia de cómo un señor de la tercera edad lucha por adaptarse a una empresa ubicada bajo el entorno 2.0, nada nuevo desde luego -ya conocimos un argumento similar gracias a la película ‘Los becarios’ (2013) donde Vince Vaughn y Owen Wilson se convertían en los becarios más viejunos de Google- pero que guardaba un atractivo especial al tener a Robert De Niro como implicado principal. Pero el verdadero problema de la cinta reside en no sacarle partido a la historia potencial de la que parte,  presentando los conflictos generacionales de manera tan superficial -el hombre no se maneja con las nuevas tecnologías, no conoce nada sobre redes sociales, no sabe usar Internet, tiene contumbres chapadas a la antigua…- que lamentablemente terminan pasando de puntillas por la gran pantalla, centrando finalmente la trama en la relación de amistad que se irá forjando entre el experimentado becario y la dueña de la empresa, Jules Ostin (Anne Hathaway), una joven triunfadora en lo profesional pero bastante infeliz en lo personal -argumento que recordará muchísimo a la archiconocida ‘El diablo viste de Prada’ (2006), sólo que en esta ocasión Hathaway se cambia las tornas con Meryl Streep-.

Robert De Niro y Anne Hathaway en la película 'El becario'

Robert De Niro y Anne Hathaway en la película ‘El becario’

La culpable de este desaprovechado guion, que además también dirige la cinta, no es otra que Nancy Meyers conocida por trabajos comoEl padre de la novia’ (1991) -sin duda su trabajo estrella-, ‘Cuando menos te lo esperas’ (2003), ‘Vacaciones’ (2006) o ‘No es tan fácil’ (2009). El tono de sus argumentos dentro del género de la comedia romántica no ha variado ni un ápice desde que comenzó en el mundo del cine, algo que le pasa factura en esta ‘El becario’ (2015) por conseguir un resultado convencional intentando dar forma a una trama que, en un principio, aspiraba a ser innovadora.

Anne Hathaway en la película 'El becario'

Anne Hathaway en la película ‘El becario’

Si hay algo que rescatar de ‘El becario’ (2015) son las interpretaciones de sus dos protagonistas Robert De Niro y Anne Hathaway, demostrando que por algo son estrellas de Hollywood al lograr aportar algo de peso a esta insulsa trama.

Trailer de ‘El becario’

Crítica de 'El becario' (2015): Una peli de sobremesa más
DIRECCIÓN4.5
GUION3.5
INTERPRETACIÓN7
LO BUENO
  • Robert De Niro y Anne Hathaway que logran poner a flote la película.
LO MALO
  • Un guion convencional y completamente desaprovechado.
5Nota Final
Puntuación de los lectores: (12 Votes)
5.9

5 Respuestas

  1. José Manuel

    La historia del experto jubilado reconvertido en becario queda desaprovechada, pero contiene mensaje. El jubilado que decide ponerse a la tarea de aprender mejor que a la de enseñar termina enseñando, porque en realidad tiene mucho que enseñar. La de la emprendedora de éxito, que es la que forma el núcleo de la película (se nota ahí que el guión es de Nancy Myers), rezuma corrección política por todos los poros. La protagonista realiza sus dos sueños. Uno, construir una empresa triunfante a la que dedica quince horas al día, por más que la trascendencia vital de vender ropa por Internet (ni diseñarla ni confeccionarla, solo venderla) no parezca mucha. Lo importante es el emprendimiento y la empresa en sí misma, no sus objetivos (salvo que el único objetivo a considerar sea ganar dinero). Otro, tener una familia y ser madre. En realidad, logra sus dos sueños a costa de devorar parte de los del hombre a quien dice amar, pero el desenlace deja muy claro que a la creadora del guión esto no le parece digno de analizarse. Llegado un punto el culpable es él, que reconoce emocionado “haberse perdido” mientras suplica perdón para su culpa. El veterano becario se muestra de acuerdo, y se supone que la mayoría de los espectadores también estarán de acuerdo. Todo muy correcto para los tiempos que corren y muy digerible para el gran público.

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  2. monica

    Creo que quien ha escrito está crítica no tiene ni idea, ni de los problemas sociales, actuales, ni de emprendimiento. Desde el sofá de tu casa todo se critica genial. Cuando uno sale al mundo real igual puede ver más cosas.
    Creo que es un reflejo de la actual problemática de la denominada “3ª edad”, que ya no lo es tanto. Gente preparada, con experiencia, sabiduría, y que es apartada del mundo sólo por cumplir años. Un colectivo en aumento que no encuentra su sitio.
    Respecto a la la comparativa del Diablo viste de Prada, incomparable el papel de una alta ejecutiva, al de una emprendedora que apena pasa los 30 y ha montado un imperio. Tanto financieramente, como conceptualmente hay un abismo que separa estos términos.
    Es lo que tiene hablar de cosas de los que uno no tiene ni idea (aparte de cine).

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    • Silvia

      Estoy totalmente de acuerdo con Mónica. Y quiero agregar algo: no sólo expone en menosprecio a la experiencia y la exclusión social, sino también pone de manifiesto los prejuicios por el emprendimiento de una mujer, prejuicios de quienes guardan frustraciones, envidias o bien han elegido acomodarse por lo que han recibido.

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