Crítica 1898 Los últimos de Filipinas (2016): El llorón cine español

Cine quejica y llorón de sobrado arte técnico que se muestra pacato en el fondo y la intención.

Crítica 1898 Los últimos de Filipinas (2016)

1898: Los últimos de Filipinas es una buena película a todas luces. Siempre y cuando estas sean las técnicas, las de los encuadres, las proyectadas por el equipo de arte y las que naturalmente iluminaron a los actores en sus lejanas localizaciones. El guión también apunta maneras y el fondo histórico es de lo más apetecible. ¿Cómo no querer ver cómo un grupo de soldados, apenas cincuenta, resisten un interminable asedio en Baler, un pueblo al otro lado de su mundo conocido, sin apenas recursos, salud o experiencia?

El reparto, la parte veterana de los intérpretes, invita a querer entrar en la sala del cine. Luis Tosar, Eduard Fernández, Carlos Hipólito, Karra Elejalde y Javier Gutiérrez, cinco de los mejores actores del panorama español, interpretan los cargos de responsabilidad del destacamento en Filipinas. Cinco hombres como robles para dar fondo a cinco personajes con un apasionante trasfondo histórico. A sus órdenes, o bajo su consejo como es el caso del fraile interpretado por Karra, se encuentran las llamadas promesas de la interpretación. Un grupo de jóvenes, algunos más conocidos que otros, que harán todo lo posible por defender, no solo el sitio, si no también su actuación. Así Patrick Criado (Águila Roja), Miguel Herrán (A cambio de nada, 2015), Ricardo Gómez (Cuéntame), Emilio Palacios (Los héroes del mal, 2015) y, el que sirve como hilo conductor de la historia y con algo más de protagonismo, Álvaro Cervantes (Los Nuestros), tendrán la difícil tarea de transmitir un maremagnum de sentimientos y emociones a partir de unos personajes técnicamente bien definidos pero efectivamente difusos.

Álvaro Cervantes, Carlos Hipolito, Javier Gutiérrez, Karra Elejalde

Álvaro Cervantes, Carlos Hipolito, Javier Gutiérrez, Karra Elejalde

El guión intenta reflejar a través de los personajes el mayor abanico posible de las motivaciones que llevan a cada uno de los militares a embarcarse para desempeñar tan heroica misión. La mayoría forzados por la necesidad, como es el caso del personaje de Álvaro Cervantes, el soldado Carlos, que busca una carta de mérito para poder estudiar pintura. Otros, como es el caso de Patrick Criado y su soldado Juan, estarán allí más a la fuerza que con un objetivo y, en el caso contrario, encontramos Miguel Herrán, el Soldado Carvajal, quien tiene claro que ahí se va a defender la nación española de ultramar. Del mismo modo, nos encontramos con un resentido Javier Gutiérrez (Sargento Jiménez), único superviviente del anterior destacamento, cuyo único objetivo es, por decir algo, la venganza; Eduard Fernadez (Capitán Enrique de las Morenas), que va a la guerra con un perro (extraño, pero histórico), y que es tan sensato como timorato; Luis Tosar (Teniente Martín Cerezo), el que parece será el pilar fuerte de la historia del sitio de Baler; Carlos Hipólito (Doctor Vigil), personaje sufridor y muleta (el guión se apoya para dar otro punto de vista más al asunto); y, el más inquietante de todos, el fraile Cándido, interpretado por Karra Elejalde, un ser tan ambigüo que debió ser suprimido para agilizar la dilata película.

El cine español llorón y aburrido

La película de 1898 Los últimos de Filipinas cuenta con sobrados recursos técnico y artísticos como para erigirse una de las mejores películas históricas españolas. De base, la dirección, sabe lo que quiere ver en los elementos no humanos. Salvador Calvo apuesta por la espectacularidad de las imágenes, por lo real en vez de lo virtual (ahí tenemos el rodaje en barco), por escenas de acción a lo grande y por una aproximación realista de la historia. Decisiones que en conjunto soportarían una apasionante historia bélica de principio a fin. Sin fisuras.

Ahora bien. El mensaje es antibelicista desde el minuto uno, impregnando toda la película de una insoportable pesadumbrez derrotista, moralista, aleccionadora que no hace si no hundir la paciencia y la energía de los espectadores. El conflicto general, algo que puede parecer obvio, no está claro en ningún momento, pues la película se centra en los diversos conflictos personales de cada uno de los personajes. Álvaro Cervantes parece que es el protagonista, él es el narrador de la película, pero el desdibujado recorrido de la trama, le resta continuamente importancia a la par que conocemos el triste trasfondo de cada uno de los personajes. Personajes, todos, tan forzados a ser grises, que acaban siendo mediocres.

Escena de la película de la iglesia del sitio de Baler de 1898

Escena de la película de la iglesia del sitio de Baler de 1898

Aparecen ideas fantásticas que se desechan continuamente resolviéndose de forma infructuosa. Cada acción de cada uno de los atormentados sitiados está comentada con un halo de culpabilidad que acentúa la sensación derrotista. La película juzga y sentencia los hechos en el mismo momento de ser contados, sin dar opción a la imaginación, a la sorpresa, al descubrimiento. De esta manera el espectador es conducido irremediablemente hacia una linea de pensamiento impuesta, como si no fuera lo suficientemente adulto como para poder discernir entre justicia, honor, imperio, error, violencia, valor y otros valores implícitos en esta heroica historia.

1898 Los últimos de Filipinas avanza a través de aventurillas sin lograr un climax específico hasta alcanzar un final tan casual (y tan real como fue), que se antoja desinflado de emoción y de intención, con una forzada intensidad.

Eduard Fernández y Luis Tosar junto a Carlos Hipólito en 1898 Los últimos de Filipinas

Eduard Fernández y Luis Tosar junto a Carlos Hipólito en 1898 Los últimos de Filipinas

La película podría haber albergado el mismo mensaje, el antibelicista, si en vez de empeñarse en retratar un grupo de soldado llorones, ya fueran los veteranos o los imberbes, hubieran construido la realidad de unos héroes que, a pesar de la distancia, a pesar de la inferioridad numérica, a pesar del abandono político, a pesar de la inexperiencia, a pesar de las tentaciones, tuvieron sobrado valor para aguantar un sitio de casi un año de duración. No se puede abrir una película histórica autoflagelándose y alargar este idea hasta el minuto ciento veinte. Tanto dolor, tanto lloro, es insoportable.

Crítica 1898 Los últimos de Filipinas (2016): El llorón cine español
DIRECCIÓN6
GUIÓN3
INTERPRETACIÓN6
EFECTOS VISUALES9
LO BUENO
  • Visualmente impecable.
  • Es una de las pocas películas españolas del año que destacan en la cuidada estética cinematográfica
  • La totalidad del reparto es
LO MALO
  • La película adolece de una intención tan aleccionadora que aburre.
  • El drama, lo es tanto, que uno espera que los Filipinos acabe con los españoles... y el sitio dura casi un año
  • Los personajes, tan grises, acaban siendo difusos.
6Nota Final
Puntuación de los lectores: (28 Votes)
3.4

2 Respuestas

  1. Felix Cadahalso

    El guionista de Los Últimos de Filipinas, no ha entendido de ninguna forma que como dicen las Ordenanas de Carlos III “El oficial que tuviere orsden absoluta de guardar su puesto, a toda lo hará”, tampoco ha entendido que el Señor Soldado de Reemplazo Español, ha sido siempre un ejemplo de fidelidad al juramento empeñado, en el que figura no abandonar nunca a sus jefes y defender el honor y honra de la Patria hasta derramae la última gota de su sangre. Si hubiese entendido estos sencillos principios, podría haber reaccionado, como lo hicieron las autoridades filipinas victoriosas, rindiendo honores a los defensores de Báler y no considerándoles como prisioneros al finalizarse el sitio. En nuestro cine de posguerra hay un bello film en blanco y negro, en el que aparecen bien claros estos valores que he citado.

    Responder

Hacer Comentario

Su dirección de correo electrónico no será publicada.