Tras las apuestas previas de los posibles ganadores en la gala de los Oscar 2013 toca analizar la puesta en escena y el reparto de premios. Explicamos con todo detalle los puntos fuertes de la gala así como todo lo que dejó de desear.

ANÁLISIS DE LA GALA Y LOS GANADORES DE LOS OSCAR 2013

Day-Lewis, Jennifer Lawrence, Anne Hathaway y Christoph Waltz

Day-Lewis, Jennifer Lawrence, Anne Hathaway y Christoph Waltz

Si una noche ideal de los Oscar 2013 debe tener algo de sorpresa, mucho espectáculo, toneladas de glamour, reconocimiento al buen cine y una pincelada de polémica, podemos decir que la gala de los Oscar de 2013 cumplió todas las expectativas y con creces. Y es que la polémica (tal vez en proporciones mayores a una pincelada) ha acompañado a la gala desde su final. ¿Era Seth MacFarlane el presentador más adecuado? ¿Ha sido demasiado polémico? ¿Ha sido demasiado poco polémico? ¿Se ha hecho larga la ceremonia pese a las graciosas notas de “Tiburón” que disuadían a los premiados de alargar su discurso?

Adele Adkins y Paul Epworth con Richard Gere

Adele Adkins y Paul Epworth con Richard Gere

Opiniones habrá para todos los gustos. Si quieren saber la mía, una gala de los Oscar tiene que ser larga por naturaleza porque la lista de candidaturas es exageradísima, otra cosa es que sea divertida, y para mí esta lo fue. Además de números musicales excelsos como el que protagonizaron los intérpretes de “Los Miserables”, y muy logrados, como el que “Chicago”, encabezado por Catherine Zeta Jones, hubo muy buenas actuaciones musicales (Aunque alguno dirá que cómo iban a ser malas, si los temazos de James Bond suenan bien hasta en un Nokia). Además los pasos entre candidaturas fueron breves y simpáticos e incluso los otrora tediosos montajes de presentación de las películas ganadoras fueron bastante ágiles y dinámicos. No creo que nadie pueda decir que se aburrió, vamos. (Y aquí tradicionalmente viene la frase de comparación con la gala de los Goya pero después de ver la belleza de Anne Hathaway y el arte de Adele, yo personalmente no tengo cuerpo de recordar lo que ocurrió en el Palacio de Congresos)

Respecto a Seth MacFarlane, es cierto que tal vez le pudo su historial. Las ha montado tan gordas, ha hecho chistes tan extremos y ha organizado galas tan cafres (el que quiera comprobarlo, que busque en youtube “Roasted”) que su adaptación a una gala como la de los Oscar (que no olvidemos, aspira a albergar una audiencia de cuarenta millones de espectadores) era imposible. O Seth MacFarlane pasaba por encima a lo Ricky Gervais o inevitablemente iba a quedarse por debajo. Ocurrió lo segundo. Tras un inicio prometedor, con un discurso ingenioso y una genialidad de guión en forma de Capitán Kirk bajando de los cielos y jugando a la paradoja temporal, la cosa desvarió hacia el chiste más común (en todos los sentidos de la palabra) y, lo que es peor, hacia la desnaturalización del presentador, que por momentos parecía ser perfectamente intercambiable. Una pena para el espectador más transgresor, pero tal vez un alivio para el director más seguro.

Actuación durante la gala de los Oscar 2013

Actuación durante la gala de los Oscar 2013

No creo sin embargo que haya que enterrar por eso a MacFarlane. Posee dos cualidades difíciles de encontrar (y menos, de combinar) como son el sentido del humor y del espectáculo, y tal vez el poso de la experiencia permita que albergue una segunda gala con más brillantez. Yo, desde luego, apostaría por él, cual Florentino cegado en el Mourinhato.

Respecto a los premios, hubo de todo, desde los más cantados (y no me hagan el chiste fácil) como el de Anne Hathaway hasta las sorpresas absolutas como, en mi opinión, fueron los galardones a Jennifer Lawrence y sobre todo Ang Lee (Y creo que él está de acuerdo conmigo, se podía percibir un halo de sorpresa en su habitual rostro impenetrable)

Ang Lee, ganador del Oscar 2013 como mejor director.

Ang Lee, ganador del Oscar 2013 como mejor director.

La sensación que dejan los Oscar 2013 es de cierto caos a la hora de premiar. Son significativos datos como el ya extracomentado de que el director de la mejor película (“Argo”) no estaba nominado en su categoría, pero también otros como que ocho de las nueve películas nominadas se llevaron algún premio, la película que se considera mejor dirigida (“Vida de Pi”) no tiene ningún actor entre los nominados, y la que se considera mejor escrita (“Django desencadenado”) tampoco esté representada por su director (Tarantino) pero uno de sus actores (que para más inri es principal) sí se lleva el galardón a mejor actor secundario. Tal vez el mayor reflejo de esta sensación de “café para todos” se dio en la categoría de “Mejor sonido”, donde por tercera vez en ochenta y cinco años se dio un empate en las votaciones.

Vamos, que hubo para todas y ninguna película dominó, lo cual depende de cómo se mire puede dejar como conclusión que todas estaban bien o que todas eran tan mediocres que ninguna sobresalía. En mi opinión, más allá de alguna filia o fobia personal (En las que como soy un tipo elegante no entraré, ya habrá tiempo cuando se estrene la próxima película Tarantino y/o la segunda parte de “Los juegos del hambre”) tamaño reparto me deja un par de reflexiones:

Anne Hathaway y Jennifer Lawrence.

Anne Hathaway y Jennifer Lawrence.

La primera es que da la sensación de que la Academia se va quitando ciertos complejos que acarreaba durante años. Las estatuillas a Christopher Waltz y Jennifer Lawrence, o las derrotas de Steven Spielberg y Tommy Lee Jones dejan ver que ya no son importantes datos como el número de premios anteriores, bagaje cinematográfico o ese concepto tan feo de “deber un Oscar”. (Que tanto explotó Martin Scorsese). La lotería de los Oscar es libre y le puede tocar a cualquiera, haya nacido en Viena o se enfrente al mejor director de cine vivo. Sin duda una buena noticia para los espectadores de la gala. La segunda, mucho más retorcida, es que tal vez este exagerado reparto sea un espaldarazo industrial. Que igual que las películas nominadas pasaron de cinco a diez, las premiadas nunca deban ser un duopolio. Que tal vez un buen lobby a favor de un actor funcione por segunda vez aunque haya que pasar por encima del mismísimo Robert de Niro. Que igual los Oscar tienen más repercusión si gana una estrella juvenil que si lo hace una septuagenaria gabacha…

No tengo la respuesta ni la tendré nunca. Y francamente, ¿qué mas da? Los Oscar son una elección privada, más o menos como el presidente de la Comunidad de Vecinos pero con George Clooney al lado luciendo palmito. Para algunos los Oscar son una excusa para trasnochar y para otros una guía para elegir la próxima película que van a ver.  Si es de los primeros, ánimo al recuperar el sueño. Si es de los segundos, céntrese en que ya tienen plan para el próximo viernes, y se llama ARGO.

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