Desconcertante, conmovedora, intensa y fantástica (en el amplio sentido de la palabra), se descubre la fábula del director Kornél Mundruczó. Opresión y lucha de clases a través de la mirada de los más fieles e indefensos: los perros.

White God: Alegoría a la lucha de clases

Kornél Mundruczó es de esos directores que juegan con sus propias reglas e intenciones sin importarle mucho el qué dirán. Si la mayoría de las producciones suelen pecar de aburrir al público tratándole como estúpido, Kornél Mundruczó se pasa justamente por el lado contrario. Kornél descuida trasnsmitir, u omite deliberadamente, información crucial para que quien se siente en la sala pueda construir fácilmente una idea completa sobre el verdadero propósito de su fin: reflejar la lucha de clases donde una oprimida minoría, los animales (y en este caso particular los perros), son hostigados, perseguidos, y explotados por la masa acomodada, los humanos.

Zsófia Psotta y Sándor Zsótér

Zsófia Psotta y Sándor Zsótér

La idea y su desarrollo es una genialidad a la altura de un público cómplice del pensamiento de este fantástico realizador, pero su comprensión en la representación, puede resultar bastante insatisfactoria y desagradable para aquellos posibles amantes de los animales que sencillamente se dejen caer por la sala atraídos por la historia tangible: Las aventuras de un perro abandonado y la incansable búsqueda por parte de su amiga preadolescente Lili.

Fantástica es la introducción a la trama: Una joven adolescente recorre en bicicleta las desérticas calles del centro de Budapest. El horror queda reflejado en su cara cuando de súbito una jauría de cientos de perros de todos los tamaños y pelajes (sin exagerar, es posible que nunca se hayan visto tantos perros en pantalla), aparecen a la carrera tras una esquina sorprendiéndola. Sin tiempo de reacción, la joven será perseguida sin tregua. Poderosísima presentación de unas intenciones que, sin embargo, tardarán un desconcertante tiempo en aparecer.

Cientos de perros fueron sacados de los refugios para darles la oportunidad de participar en White Dog. Tanto es así que posiblemente su número, doscientos cincuenta, ya forme parte del libro de los récords por ser el rodaje con más perros de la historia. Al que seguramente habría que añadir otro fascinante logro: que todos ellos fueran adoptados por distintas familias tras interpretar sus respectivos papeles. Buenas noticias que sin duda agradecerán saber todos aquellos que tengan un perro (o varios) como miembro de la familia, porque las aventuras que vive el protagonista Hagen (interpretado por los perros Luke y Body), van muy acorde con la afirmación “una vida de perros” o peor. Así mismo, por otro lado, aquellos que somos conscientes de la crueldad humana, sabemos que la película a penas refleja una pequeña parte del sufrimiento que pueden llegar a padecer y padecen estos seres libres de maldad. Una circunstancia que hace que esta mezcla de fábula y realidad, la de los mejores amigos del hombre, pueda crear algo de confusión en la apreciación de esta sin duda, fantástica obra.

Los perros se revelan

Los perros se revelan

La indiferencia no es una opción en White God. Tocados saldrán todos aquellos que entren en la sala. Algunos se quedarán con ganas de más fantasía, otros buscarán justificación en el desarrollo de los acontecimientos (se podría haber remarcado más la importancia de ese impuesto sobre las razas mestizas, detonante de la trama), y los que tenemos un marcado vínculo emocional con los perros, nos costará entender a la rebelde pero a su vez indiferente adolescente cuando su padre decide deshacerse del animal. Pero lo que es claro, y debiera ser obligatorio, que el visionado de esta absorbente obra abrirá (o podría abrir las miras), de distinto tipo de personas.

El apartado técnico y visual de White God es brutal. La selección de las localizaciones, los planos, los encuadres, el movimiento de la cámara consigue transportar al espectador hasta una fantasía palpable. Casi parece que, sin saberlo, hayamos entrado en una realidad distópica donde cualquier evento al margen de la realidad tenga cabida. Gris, triste, sobria, casi industrial, se nos presenta la clásica Budapest, marco de la, en parte, sórdida historia. Como si de un futuro cercano se tratara, “el impuesto sobre los perros de raza mestiza”, casi logra tener cabida en la imagen de la ciudad representada, donde los perros son encerrados y sacrificados (sin mayor criterio) en perras “de concentración”. Los paralelismo surgirán, ciertamente, pero me temo que no al nivel que pudiera haberse alcanzado.

El director Kornél Mundruczó y la actriz Zsófia Psotta

El director Kornél Mundruczó y la actriz Zsófia Psotta

Zsófia Psotta (Lili), Sándor Zsótér (Daniel, el padre de Lili), aportan una gran credibilidad a la historia de la película gracias a sus sobrias y concentradas interpretaciones, a pesar de la difícil justificación de algunas de sus reacciones. Si a un niño, que es tan amigo de su perro como lo es Lili, se le obliga a abandonar a su mejor amigo en mitad de una autopista, tengan por seguro que enloquece de rabia y desesperación ante la impotencia, en vez de asumir el fríamente el golpe sin mostrar estos sentimientos. En cambio, el personaje de Sándor Zsótér, refleja perfectamente la nula sensibilidad hacia los animales desde su primera aparición supervisando la apertura en canal de una vaca con la más absoluta inmutabilidad (otra fascinante imagen del uso de los animales de la cual no somos conscientes ni los amantes).

En conclusión White God es una película brillante en intenciones, desarrollo, ideales, valores, producción, narrativa y otros tantos aspectos que logran convertirla en una obra de alto interés. A los más exigentes, aquellos que aprecian el potencial de la historia, puede que encuentren una ligera sensación de haberse quedado a las puertas de la maestría, a un tiro de piedra de la más absoluta genialidad. Y eso que el giro fantástico de la historia, la rebelión de los oprimidos perros, y el desarrollo de la siguiente media hora, es más que suficiente para satisfacer las aspiraciones creadas tanto por el perro protagonista, como la incombustible Lili. Al terminar, es seguro que el público se marchará de la sala habiendo descubierto nuevas cosas (emociones, empatías, pensamientos…).

Trailer

White God: Crítica de la película
DIRECCIÓN9
GUION6.5
INTERPRETACIÓN7
FOTOGRAFÍA9
LO BUENO
  • Películas como estas ayudan a trascender a las personas
  • La idea y el desarrollo
  • Los animales se lo han pasado bien en el rodaje y se nota.
LO MALO
  • Si hubiera ido un poco más allá hubiera sido una obra reveladora
8Nota Final
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