Rebuscada, torpona, a ratos emocionante, si, pero siempre pretenciosa película del interesante Mateo Garrone (El taxidermista; Gomorra). Un núcleo poblacional paupérrimo, desheredado y periférico, busca servir como reflejo realista, o analogía de brocha gorda, a la decadencia de la Europa contemporánea y sus clases populares; pero en su deseo de servir los ingredientes crudos, sin aliño de ningún tipo, y marinados con un vino peleón de cartón, lo que en un principio debería empatizar con el espectador acaba resultando ser una performance pija, hipster, y post- modernista en el peor de los sentidos. Un esperpento fuera de control que lo único que evidencia es una absoluta falta de fe en la inteligencia del espectador – cosa muy compresible por otra parte. Como si en pleno barrio Salamanca de Madrid abriese sus puertas una recreación temática de Pan Bendito, Puente de Vallecas, o cualquier otro barrio de clase media/baja de la geografía española. Se pueden imaginar el resultado ¿verdad? Froilán y el cantante de Taburete, en castellanos, tomando calimocho en una casa okupa a treinta pavos la entrada.

Imagen de la película Dogman 2018

Sinopsis

En un barrio de clase baja a las afueras de Roma, Marcello (Marcello Fonte) trata de bregar entre su peluquería canina y los personajes idiosincráticos que revolotean a su alrededor, entre ellos, el imprevisible y violento Simoncino (Edoardo Pesce).

Opinión

Existe en el cine italiano en general, y en el de Garrone en particular, una tendencia a lo largo de su historia por reflejar la realidad social del país, ya sea poniendo el foco en los estamentos más bajos a través del famoso movimiento neorrealista: Umberto D (Victoria de Sica) o Roma ciudad abierta (Rosellini). O centrándose en la clase alta, ebria de fatuidad, pompa y desaliño moral: La Dolce Vita (Fellini) o La Gran belleza  (Sorrentino).

A Garrone podríamos instalarlo en el primer grupo. Su cine busca ser una especie de reinvención del neorrealismo autóctono, pero con un estilo depurado, repleto de ornamentos pop y, en ocasiones, sin más finalidad que el puro y desacomplejado placer estético – la sombra de Tarantino es alargada. Lo cual, a priori, parece una mezcla estimulante, pero que tiene el peligro añadido de que, en caso de pasarte de frenada como es el caso, la película resulte vacua, con las costuras a plena vista, y desprovista de alma; como asistir a un tiroteo del oeste, o a un teatrillo, en Port Aventura: cuando beben whisky en realidad están bebiendo té; cuando beben ginebra en realidad están bebiendo agua; cuando están fumando marihuana en realidad están fumando gordolobo, y cuando están tomando cocaína, en realidad están esnifando maicena o analgésico machacado.

Edoardo Pesce y Marcello Fonte en Dogman 2018

Lo mas reseñable de la película es, sin duda, y lo que en última instancia la salva de la quema, la construcción de los personajes de Marcelo y Simoncino. Sólo hay que dar una vuelta por cualquier barrio humilde para conocer al típico Marcello: chisgarabís, porrero, trapicheante, un poco friki; todo el día en casa viendo series o jugando a la videoconsola, y vendiendo una cocaína terrible las 24 horas del día. O a su opuesto, Simoncino: Violento cabeza hueca, delincuente de tres al cuarto, todo el día de aquí para allá, carne de presidio o navajazo en las costillas a las puertas de una discoteca dominicana, creyéndose adicto a la farlopa cuando en realidad lo es al corte.

No obstante, a pesar de la acertadísima construcción de los personajes, el arco de evolución de éstos es escaso y decepcionante. Se les podría haber sacado mucho más jugo.

Marcello Fonte y Alida Baldari Calabria en Dogman 2018

Conclusión

A pesar de las notas positivas, Dogman, acaba resultando una película fallida. En su exceso de celo por recrear la realidad acaba resultado inverosímil y encorsetada . Un producto Kitsch que sólo puede convencer a un publico con tendencia a la asepsia, que ignore por completo la realidad social de los barrios de clase media/baja, y que nunca se haya puesto un tarjetazo en los baños de un Codere a las cuatro de la tarde con medio cubalibre cargadete esperándole en la barra.

Crítica de la película Dogman
DIRECCIÓN5
GUIÓN4
INTERPRETACIÓN8
LO BUENO
  • Las interpretaciones de Marcello Fonte y Edoardo Pesce.
LO MALO
  • Un parque temático de los barrios de clase baja y sus gentes, tan sólo apto para el que jamás los haya pisado.
5.7Nota Final
Puntuación de los lectores: (2 Votes)
10.0

Una Respuesta

  1. Guido

    Rebuscada, torpona y patética, sí hablo de tu crítica.

    “Froilán y el cantante de Taburete, en castellanos, tomando calimocho en una casa okupa a treinta pavos la entrada.”

    Tus comparaciones deleitan a los amantes del cine, tienes frases mal construídas y no has entendido la película.
    He pasado mi niñez en barrios marginales de Italia y la película los retrata igual.
    Criticas la atmósfera cuando la película SON los personajes, hay una excelente construcción y evolución de ellos.

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