‘El nacimiento de una nación’ es un título nesario en cuanto al mensaje de igualdad racial que pretende difundir, eso sí, no alcanzará la trascendencia que pretendía.

Crítica ‘El nacimiento de una nación’

Hay temas que cinematográficamente están ya muy explorados, es el caso de la cinta que llega a los cines este fin de semana bajo el título El nacimiento de una nación. Aquí volvemos al recurrente tema del conflicto racial que, aún a día de hoy, mantiene divida a la comunidad norteamérica: la segregación racial entre blancos y negros. Un tema complejo y amplio que ha dado grandes títulos, pero con el que también se puede cometer el error de caer en la repetición o en la excesiva edulcoración de los hechos acontecidos durante una de las mayores luchas por la igualdad de la historia reciente.

Armie Hammer y Nate Parker, señor y esclavo en la película

Armie Hammer y Nate Parker, señor y esclavo en la película

Esclavos negros sometidos a torturas, asesinatos, vejaciones, abusos, violaciones, injusticias, pobreza, trabajos forzados… todos estos temas ya han sido tratados en el cine desde diferentes puntos de vista. Por dicho motivo, cuando se lanza un proyecto de estas características son importantísimos dos factores: la originalidad en la forma de narrar los hechos o sorprender al espectador con impactantes escenas que se queden grabadas en la retina; y mantener un tono acorde y homogéneo durante todo el metraje que deje claro el mensaje que se pretende trasladar a las salas. Ambos puntos serán lo mayores errores cometidos en la cinta dirigida por Nate Parker -también guionista, productor y protagonista de la historia- sobre la rebelión de los oprimidos que terminaría por desatar la Guerra de Secesión.

Los esclavos se vendían como cualquier otro producto

Los esclavos se vendían como cualquier otro producto

Nos trasladaremos al estado de Virginia a principios del siglo XIX. Nat Turner (Nate Parker), un pequeño esclavo trabajador de una explotación algodonera, será sorprendido por su patrona leyendo a escondidas. La señora, en un alarde de buena voluntad, enseñará al pequeño a leer con ayuda de la Biblia. Así a medida que Nat crezca también lo hará su popularidad como predicador entre el resto de esclavos de la zona. Poco a poco El Profeta, sobrenombre por el que será conocido, se irá forjando la figura de líder natural hasta que en 1831 no dude en encabezar la famosa rebelión de Virginia contra la esclavitud. Una clara vendetta hacia aquellos tiranos que día a día venían sometiéndolos a tanta barbarie: el amo blanco.

La rebelión de Nat Turner (1831) en Virginia

La rebelión de Nat Turner (1831) en Virginia

A El nacimiento de una nación le falta chispa, fuerza, garra, carisma. Sabemos qué pretende transmitir con su historia pero no llegará a emocionarnos en ningún momento, terminando por resultar demasiado insustancial y trivial en muchos de sus tramos. Nate Parker ha apostado claramente “a caballo ganador”, copiando las típicas fórmulas manidas que funcionan para hacerse con un par de galardones pero tremendamente ineficaces a la hora de conseguir que el producto final impacte en el público. Tan sólo consiguirá relegar a un segundo plano el tema histórico central de su película: la rebelión de Nat Turner (1831) en Virginia y la posterior masacre que supuso -hechos evidentemente cargados de fuerza en sí mismos-. Eso sí, no hay que negarle mérito al lograr llevar a delante un proyecto de semejante envergadura sin el respaldo de ninguna “de las grandes”, consiguiendo más tarde llegar al acuerdo de distribución más caro del Festival de Sundance (casi 18 millones de dólares) -gracias en gran parte al lema #OscarsSoWhite-.

Crítica 'El nacimiento de una nación': Una historia sin fuerza
DIRECCIÓN6
GUION5
INTERPRETACIÓN7
LO BUENO
  • Algunas escenas dignas de mención.
  • Su mensaje es más necesario que nunca.
LO MALO
  • Un guion bastante irregular.
  • Pretende resultar trascendente a cualquier precio.
5.5Nota Final
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