Melvin Poupaud en misa, creyendo a pesar de su pasado.

Crítica de Gracias a Dios

Ahora es Francia quién denuncia a través del cine los abusos de poder por parte de clérigos sobre los niños que se entregan a la educación religiosa.

Crítica

Tristemente, los abusos a menores por parte de sacerdotes se han dado durante mucho tiempo. Han hecho falta muchos años y concienciación para que esto saliese a la luz y pudiera denunciarse como es debido. Y en este aspecto, Gracias a Dios viene a contarnos algunos testimonios totalmente verosímiles para poner de manifiesto el sufrimiento y el pesar que muchos niños pueden sufrir por culpa de un agente de una institución que no sabe qué hacer para no manchar más su nombre.

La película, obviando la frecuente corriente del cine francés de ser muy descriptivo, va al grano nada más empezar y plantea el problema que va a tratar. Luego el testigo de ese problema se va pasando magistralmente entre personajes para al final construir una respuesta a ese problema que le da visibilidad y lucha por solucionarlo. Si bien el metraje se nutre de testimonios y experiencias con presencia para construirse, tiene un problema de concepción y es que, los diferentes personajes y las situaciones del mismo, se perciben como eso, como testimonios. El espectador empatiza con los personajes, pero no es capaz de meterse en su piel. Más bien, se consciencia de que estas cosas le pueden pasar a cualquiera y se da cuenta de lo que le puede suponer a las personas que por desgracia sufren estas situaciones, pero no las vive. Podríamos hablar de que la percepción de las diferentes historias narradas en la película podrían sentirse o entenderse mejor si de un documental se tratara y no de una película como tal. No obstante, la manera en la que está realizada no te deja indiferente y te conciencia de una realidad que, por desgracia, asola a muchas familias en la actualidad.

Swann Arlaud es el más afectado por los abusos que sufrió de niño.

Interpretación

Las interpretaciones son adecuadas para el metraje. Pero más que las interpretaciones, en opinión de quién esto escribe, el brillo de este metraje reluce gracias a su casting. Tanto los actores seleccionados para representar al clero como a las víctimas, están muy bien elegidos para mostrar a los diferentes personajes que suelen ser un reflejo finedigno de este tipo de situaciones. El cura pederasta, el hombre que ha rehecho su vida, el joven que ha tenido un desarrollo disfuncional, otro que ha salido adelante obviando su realidad… estos personajes se sustentan en buenas interpretaciones, pero es ante todo la concepción de esos personajes lo que le da calidad a la película.

Guion

El guion de François Ozon muestra claramente y sin tapujos estas situaciones de abuso y las refleja sin miedo ni pudor pero, como hemos referido antes, se perciben más como un agente externo a nosotros, los espectadores, más que una vivencia que podríamos sufrir para ser plenamente consciente de ello. En este sentido, es de admirar el trabajo de ser tan claro y certero a la hora de denunciar y reflejar el curso de las diferentes fases de respuesta a esta situación, pero no el hecho de no hacernos partícipes de la misma.

Víctimas del abuso reunidos para denunciar la situación.

Opinión final

Una buena ocasión para ver cuáles son las secuelas y las posibles formas de responder ante tan atroz situación pero que se queda a las puertas de impactar profundamente en el espectador.

DIRECCIÓN6
GUIÓN7
INTERPRETACIÓN7
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LO BUENO
La claridad de su contenido.
Muestra diferentes personajes que personifican las diferentes maneras de sobrellevar tales abusos acercándonos a una realidad multivarial.
LO MALO
Se percibe como un documental que nos hace empatizar con esa situación, pero no nos hace partícipes de la misma.
6.7
¿Te unes?