Los hermanos Andy y Lana Wachowski vuelven a embarcarse en enormes propósitos y titánicos proyectos audiovisuales con Mila Kunis y Channing Tatum como protagonistas de esta exagerada epopeya espacial.

Sinopsis


Júpiter Jones (Mila Kunis) odia su vida. Hija de una inmigrante ilegal, vive hacinada en la casa de su familia trabajando como limpiadora en las casas de personas pudientes y parece que su destino es permanecer bajo el techo de unos parientes gorrones que tratan de sacar provecho hasta de su cuerpo.

Sin embargo, tras un extraño acontecimiento, se verá involucrada en una inmensa trama espacial en la que su persona, que hasta entonces creía insignificante, resultará determinante para el destino del planeta Tierra.

Crítica

Andy y Lana Watchowski, que en su día fueran los directores de cine más prometedores del cambio de milenio, siguen sin dar en el clavo. El destino de Júpiter es otra de esas películas que con ilusión se espera y con aburrimiento se olvida. Imágenes espectaculares, titánicas e imaginativas construcciones espaciales, universos desbocados y cultura ciberppunk son relegados al motivo pictórico estético de una ficción recargada de grandilocuentes diálogos y descomunales destinos.

Tampoco acertaron con su “El atlas de las nubes” de intangible tema y expectante final, el cual, tras pasar minutos y minutos de historias que no hacen sino prometer un maravilloso plan existencial, una auténtica revelación espiritual de interconexión galáctica, se sobrevienen con decepción al no encontrar nada que lo haga tan fantástico. El tema era interesantísimo, cada historia que componía la película tenía su aquel pero el conjunto funcionaba tan poco como el maquillaje-máscara de los actores que repetían personajes en las distintas tramas.

Mila Kunes - El destino de Júpiter

Mila Kunes – El destino de Júpiter

En “El destino de Júpiter” nos encontramos con una grandilocuente historia enmarcada en un todavía más grande escenario, bonito y muy majestuoso pero que provoca tanta indiferencia como El monasterio de El Escorial a los alumnos de la ESO. Ambos, la película y el monumento, comparten el mismo problema, la comunicación, la falta de cultura, y la inexistente contextualización de los acontecimientos previos. Lo mismo da que los profesores regurgiten información en las aulas si la única motivación que tienen los chavales es aprobar un examen, como que los Wachowski se afanen por justificar mediante el discurso de los personajes su mescolanza de razas espaciales, profesiones intergalácticas y milenarias dinastías interplanetarias. Tanto los alumnos como los espectadores, acaban recibiendo la información con el mismo entusiasmo que un muro recibe una pedrada cuando deberían estar deseando descubrir cada uno de los secretos guardados en ambas historias. Hay que provocar el interés y las ganas por saber.

Foto de la película "El destino de Júpiter"

Foto de la película “El destino de Júpiter”

En “El destino de Júpiter” se nos presenta una desfasadísimo arquetípico personaje protagonista femenino. Una damisela en apuros a la que un pseudo caballero “volante” de patines antigravitacionales tiene que sacarla en apuros una y otra, y otra, y otra… La damisela Júpiter, interpretada por una sosa Mila Kunis (qué remedio le queda a la pobre), cumple todos los requisitos necesarios para adoptar el papel de víctima de la vida. Un trabajo de mierda, una familia de mierda que se aprovecha de ella, un día a día de mierda y un nula aspiración de progreso existencial. Alguno puede decir “Oye, es la vida que le ha tocado” y yo diría “Estoy de acuerdo en lo que dices pero, ¿ves algo en el comportamiento del personaje que indique disconformidad, o insatisfacción? ¡Si cada vez que alguien la putea ni se inmuta!”.

Así, con estas, hace falta de un personaje duro, machote, arquetípico de pelotas peludas como Channing Tatum que le saque las castañas del fuego. Es verdad que es un caza-recompensas, que le han pagado por hacer algo bueno y que lo mismo haría algo malo por el mismo precio, pero vamos, que si alguien a estas alturas duda que es un trozo de pan con mala fama es que es el tío/a más desconfiado de la tierra.

Channing Tatum y Sean Bean - "El destino de Júpiter"

Channing Tatum y Sean Bean – “El destino de Júpiter”

Ni los espectaculares efectos visuales, ni los supuestos enredos de guión sacarán del sopor a muchos creyentes. Porque mira que la idea mola. Mira que hay conceptos a los que agarrarse y mira que beben de cincuenta mil y una fuentes distintas de la inspiración. Ciberpunk, futurismo, ufología, genetismo,“trascendilocuencia”, “dinastilofiliogalacticopráctica”, “megadestinismointerracial”… pero nada. Los hermanos se empeñan en largar y largar, explicar y explicar mediante diálogos con la señorita Júpiter para que entienda que ella es lo más importante que hay en esta parte del universo. Y por si queda algún espectador poco convencido de las explicaciones, todavía aparece un distinguido miembro de la familia real intergaláctica (Eddie Redmayne, Douglas Booth, Tuppence Middleton) para hacer un discurso narrativo del estado de la Nación Interplanetaria. Vamos, que el espectador tiene menos implicación emocional con “El destino de Júpiter” que con el champú de la ducha.

Foto de la película "El destino de Júpiter"

Foto de la película “El destino de Júpiter”

Otro gran problema de la película, es que se empeñan en justificar toda la posibilidad del universo (a base de palabrear como ya he dicho) y se olvidan por completo de justificar lo más primordial: las acciones y comportamientos de los personajes. Pondré un par de ejemplos tan sencillos como absurdos: El personaje que interpreta Channing Tatum reclama a su excompañero de combate intergaláctico (Sean Bean) para atravesar un campo de defensa impenetrable, cuando la única habilidad necesaria aparente es disparar con todo lo posible y tirar “palante”. Otra, a los seres humanos se les cosecha con un incierto propósito… pero en el mundo actual, millones de personas muere sin propósito (hambre, consumo de agua no potable, no tener acceso a sanidad básica o que a los gobiernos no les salga de las pelotas entregar medicinas para curar la Hepatitis por ejemplo), gracias a un sistema injusto como lo es este mundo global. Y de la larguísima escena burocrática, ya hecha con mucha más gracia y crítica en “Las doce pruebas de Asterix” ya ni me meto.

Eddie Redmayne en "El destino de Júpiter"

Eddie Redmayne en “El destino de Júpiter”

Hay cosas buenas, claro que las hay. Las ideas están muy bien. La apuesta por historias fantásticas y espaciales nuevas también es de agradecer (yo confieso que la película la iría a ver de cualquier manera porque es un tema que me encanta) y los efectos visuales y sonoros son bestiales. Si uno entra en la sala con las gafas 3D y piensa que va a subirse a una atracción de dos horas pues compensa más… pero ¡ay de aquellos que piensen que van a sacar algo más!

Hermanos Wachowski, por favor, seguid intentándolo pero revisad vuestra primera obra y quedaos con la esencia sólo de esa creación. Ni la transmedia, ni las siguientes partes, ni la filosofía, ni leches. Quedaos con una sola idea y desarrolladla con lógica y coherencia sin apelar a la trascendencia. La vida es trascendente pero sencilla. Así, como diría Shakespeare a través de Hamlet, tomadla por ejemplo.

Trailer

Crítica de El destino de Júpiter: Grandes escenarios, pequeños destinos
DIRECCIÓN5
GUION2
INTERPRETACIÓN4
EFECTOS VISUALES10
LO BUENO
  • Los efectos visuales.
  • La apuesta por el tema de fantasía galáctica
  • Las miles de ideas.
LO MALO
  • Demasiado discursiva. Poco lógica. Nada emotiva.
  • Los actores aparecen aburridos y poco interesantes.
5.3Nota Final
Puntuación de los lectores: (1 Voto)
2.4

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