Woodie Allen cumple con su entrega anual con ‘Café Society’, una comedia agradable sin mayor poso que el buen gusto estético. Adelante crítica.

Crítica de’Café Society’

No hay nada como descubrir el punto de vista de uno de los genios del cine. Un autor, Woodie Allen, que hace cine de autor a lo grande, capaz de entretener y levantar aplausos de la crítica a partes iguales. Hace lo que le gusta, como le gusta y despierta la simpatía del público, aunque sea más apreciado fuera de sus fronteras. Pero bueno, nadie es profeta en su tierra (aquí tenemos desaprovechado a Nacho Vigalondo). Con Café Society vuelve a la época. Al romance de los años 30. Al Hollywood de las estrellas. A un tiempo mejor donde la mafia se codeaba con la política y farándula y los comunistas no estaban mal vistos. Una época en la que el sueño americano todavía tenía sentido y la mayoría de la gente quería soñarlo. Woody Allen vuelve a un clásico estético deslumbrante que no deja un poso profundo pero sí con las ganas de echar se otro trago.

Blake Lively

Blake Lively

No es uno de los trabajos más brillantes del director -no en cuanto a trama que pueda tocar al espectador-, pero sí uno de los mejores en su conjunto. Funciona la comedia, sobresalen los intérpretes y maravilla la fotografía. ¡El Café Society está vivo! A penas el local es el protagonista de la película, pero sí un pilar que sostiene los ires y venires de uno de los protagonistas, el alter ego de Woody Allen, Bobby, espectacularmente interpretado -casi transmutado en su juventud- por Jesse Eisenberg (La red social, 2010. Ahora me ves, 2013. Batman vs Superman, 2016).

Corey Stoll, Paul Schneider

Corey Stoll, Paul Schneider

Jesse Eisenberg tiene pillados ciertos ademanes, ciertos gestos, que se podrían reconocer en algunos de los trabajos del Woody Allen actor. La escena de la prostituta Candy interpretada por otra maravillosa actriz, Ana Camp (Dando la nota, 2012; True Blood), es toda una conmemoración de momentos clásicos a lo Poderosa Afrodita (1995). Una escena tan ágil y divertida, tan sin sentido y fuera de lugar en la propia trama, pero tan necesaria, que será inolvidable. Ya veo a jóvenes intérpretes apuntándola para trabajar en sus clases de teatro. Una escena absolutamente perfecta para la técnica interpretativa.

Kristen Stewart está soberbia. Ya lo logró en American Ultra, en la que trabajó también con Jesse Eisenberg y repite con un tacto absoluto en esta comedia. La actriz parece que no hace nada -no como en la saga crepuscular esa en la que no hacía nada de verdad-, y lo da todo. Varía por un registro tan ampliamente dramático que dejará boquiabierto a más de uno. El personaje brilla lo suficiente como para dar la razón a cada uno de sus dos dispares pretendientes. Y es tan firme y sólido, que consigue convencer de su sinceridad con cada una de sus sonrisas y de sus lágrimas. No le sobra ni le falta nada. Está en su momento justo. Es la princesa Buttercup en el momento justo de su coronación en La Princesa Prometida.

Jesse Eisenberg, Kristen Stewart en una escena de Café Society

Jesse Eisenberg, Kristen Stewart en una escena de Café Society

Steve Carrell, que ya dejó sin aliento y puso los pelos de punta en su interpretación de John du Pont en Foxcatcher (2014), interpreta a un hombre de negocios dedicado a la representación artística. Cierra este trío que podría considerarse como principal causa y efecto para el desarrollo de la película.

Woody Allen logra que hasta el más mínimo de los papeles merezcan la pena. En sus guiones hasta el último mono tiene algo que aportar. No hay nadie de relleno, no hay ningún figurante con una acción especial. Todos los intérpretes que aparecen en la pantalla -que parecen cientos dada la narrativa que se trae sobre los personajes que frecuentan el Café Society- tienen algo que decir aunque paradógicamente muchos de ellos no digan nada. Cada cuadro, cada escena está viva. No es difícil olvidarse de lo que cuenta el narrador mientras uno trata de observar a las personas que se sientan en las mesas, en la barra. Todos y cada uno de ellos parecen tener una historia atrayente. Woody Allen decide contar algunas y otras deja que nos las imaginemos a partir de la cuidada escenografía de cada toma. No hay dos planos iguales y no hay nada fuera de lugar o sin justificación. Vittorio Storaro, director de fotografía (Apocalypsis Now, 1979. El último Emperador, 1987), se ha empleado a fondo para dar forma y sentido a la pretendida opulencia, de las escenas más lujosas, y la rebuscada saturación escénica, sobre las imágenes más cotidianas. Woody está tan contento que ya prepara su siguiente trabajo con él.

Woody Allen junto al director de fotografía Vittorio Storaro

Woody Allen junto al director de fotografía Vittorio Storaro

Y luego hay más, ¡mucho más! Se tocan todos lo palos que le preocupa al autor. La religión y la muerte. Se integra a la salerosa mafia. Se disfruta del trato familiar. De las mentiras, de las decepciones. Las inquietudes de cada uno de los típicos, pero vívidos personajes de la historia saltan a la pantalla. La fidelidad y la infidelidad por supuesto están presentes… Casi no deja nada sin tocar. Tanto es así que cuando se funde a negro y aparecen los títulos de crédito la sala se queda con ganas de más… aunque todos ya sabemos como acaba la historia para cada uno de los personajes que nos fueron presentados durante la hora y media.

Trailer de la película ‘Café Society’

Crítica 'Café Society': El humor y buen gusto de Woody Allen
DIRECCIÓN8
GUIÓN7
INTERPRETACIÓN8
FOTOGRAFÍA10
LO BUENO
  • La dirección de los actores y el trabajo de estos es fascinante.
  • La recreación de una época según las ensoñaciones del director
  • Cada uno de los personajes que aparecen en la película, hasta los más mínimos, aportan belleza
LO MALO
  • Una vez se encienden las luces se vuelve a la realidad y se apagan los personajes sin dejar más poso que el entretenimiento vivido.
8.3Nota Final
Puntuación de los lectores: (10 Votes)
7.6

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