De todas las etapas de la vida, dicen que la adolescencia es la más difícil. Si encima eres un chico rarito y con pocas habilidades sociales, aún lo es más. Y como así son el 90% de los guionistas y directores de cine, en las carteleras proliferan las historias de teenagers con dudas, poca confianza en sí mismos y un mundo por descubrir. “El camino de vuelta” se ciñe a este esquema, con un tono íntimo, optimista y un nada disimulado aire indie. ¿Será una pavada más o estaremos ante un diamante en bruto?

Trailer de “El camino de vuelta”

Sinopsis de “El camino de vuelta”

Cartel de "El camino de vuelta"

Cartel de “El camino de vuelta”

“El camino de vuelta” es la historia de Duncan (Liam James), el típico adolescente tímido y pavisoso que se enfrenta a un tedioso verano en Massachussets con su madre Pam (Toni Collette), su tróspida nueva pareja Trent (Steve Carrell) y su insoportable hija Steph (Zoe Levin). Para su sorpresa, acabará siendo el mejor mes de su vida, gracias a los empleados de un dicharachero parque acuático encabezado por Owen (Sam Rockwell), que le presentarán al mejor amigo que jamás podrá hacer: Él mismo

Crítica de “El camino de vuelta”

Dicen que hoy en día el audiovisual se hace al ritmo que marcan los adolescentes, que son los más interesados en pagar por ver algo en una sala (o en el caso de España, bajárselo de seriesyonkis). Parece que por eso los montajes son tan rápidos, los guiones tan simples y Christopher Nolan se ha convertido en el Josu Ternera del género de acción. Puede ser, no digo que no, pero uno encuentra excepciones, como el Prime Time de este país, por ejemplo, que defiende con orgullo ser orquestado por el gremio de cincuentonas de Móstoles.

Tema complejo, en cualquier caso. Y paradójico, ya que precisamente el cine más indie, o al margen del sistema comercial, es el que parece más interesado en contar los conflictos inherentes a la adolescencia. Tal vez es que aún carguemos con la herencia del Antoine Doinel de “Los 400 golpes” (Un francés viejo, 1959), o tal vez es que la élite cultural de esta época no sean más que adolescentes de cuarenta abriles, pero un alto porcentaje de los éxitos independientes de las últimas dos décadas se encuadran en este género: desde la SOBERBIA “Mud” (Jeff Nichols, 2012) a la pedorra “Juno” (Jason Reitman, 2007).

Liam James y AnnaSophia Robb e "El camino de vuelta"

Liam James y AnnaSophia Robb e “El camino de vuelta”

“El camino de vuelta” se añade a la lista de manera absolutamente desvergonzada. La foto parece aprovechar los focos que sobraron en “Los descendientes”, no falta un planito de Duncan en la bici a ritmo de Eli Paperboy Reed y ahí está esa madre sufridora interpretada por la musa indie Toni Collete, del brazo del típico actor de Hollywood que se une a la fiesta del bajo presupuesto, en esta ocasión Steve Carrell (Prota de ¡Oh, casualidad! “Pequeña Miss Sunshine”).

Los primeros veinte minutos de “El camino de vuelta” son la definición perfecta del Deja Vu. No es que estén mal, pero el lóbulo temporal te advierte de que ya los tienes en la memoria reciente. Y lo que es peor, los tienes mejor rodados e interpretados. ¿Y después? Pues flipa, la peli remonta.

Toni Collete y Liam James en "El camino de vuelta"

Toni Collete y Liam James en “El camino de vuelta”

Manteniéndose dentro de los estándares, y sin ninguna estridencia narrativa, Nat Faxon y Jim Rush construyen una atmósfera pelín sensiblona, pero sin ninguna duda agradable y confortable en “El camino de vuelta”. A ello contribuye especialmente Sam Rockwell, que demuestra una vez más ser uno de los mejores actores de esta generación. Vale, su personaje es agradecido, (es el “mentor divertido” de Duncan), pero él lo levanta y le da cuerpo con mucho mimetismo, manteniendo un difícil equilibrio en la ternura sin caer ni en la ñoñería ni en la parodia. Y eso no es tan fácil. (Que se lo pregunten al gran Jason Bateman en la tontería ésa de “Juno”).

Es en esta segunda parte del metraje donde “El camino de vuelta” saca a relucir sus puntos fuertes, que son básicamente su excelso ramillete de intérpretes, entre los que andan, además de los ya citados, los siempre solventes Allison Janney y Rob Corddry, la excepcional Maya Rudolph y los propios directores de la cinta, Nat Faxon y Jim Rash (al que algunos conoceréis por ser el estrafalario director de “Community”). Entre todos hacen crecer las escenas y construyen un tono distendido, donde los minutos pasan y los conflictos posan.

Escena de "El camino de vuelta"

Escena de “El camino de vuelta”

Sin duda se nota que Faxon y Rash son más actores que guionistas, y por encima de un libreto un tanto irregular y tópico emerge una película que conecta. Una vez más, se cumple la regla nº 341 del cine: El guión es lo más importante, pero las películas dirigidas por actores funcionan infinitamente mejor que las dirigidas por guionistas.

Y al acabar sigues teniendo la sensación de que lo que estás viendo ya lo has visto, pero te lo tomas como el refresco de un recuerdo agradable. Y quizá hasta se te escapa una sonrisa. Puede que “El camino de vuelta” no sea la estudiante más guapa y popular del baile, pero quizá sea ese adolescente majetón y noble que siempre quieres como amigo.

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