“No debieron venir por nuestras mujeres” – Reza el Duke cual western de los cincuenta.

Duke Nukem ya cuenta con casi veinte años de vida. Desde luego ha cambiado mucho desde aquel 1 de julio de 1991 cuando salió a repartir balas en las plataformas de dos dimensiones. Luego vienieron el Duke Nukem II y el revolucionario Duke Nukem 3D de 1996, un shooter muy criticado por tanto por su actitud machista como los comentarios del protagonista (“It’s time to kick ass or chew bubblegum. And I’m all outta gum.” Traducción: “Es hora de patear algunos culos o masticar chicle, y me he quedado sin chicle”).

Pues bien, este juego, tuvo algo diferente respecto al resto. Contaba con muchas armas distintas y espectaculares como un rayo reductor para miniaturizar a los enemigos para pisotearles, o un rayo helador para hacerles añicos de un

a patada (Comentario del Duke en este caso: Rest in pieces – Descansa en piezas). También incluían una amplia variedad de escenarios, como ciudades sumergidas, espacios abiertos, ciudades, cines, alcantarillas, naves espaciales, montañas… e incluyó algo novedoso como era el poder interactuar con ciertos elementos o su destrucción. Eso sí, la parte que le daba sal al juego fue lo más criticado, pues salían strippers que enseñaban las tetas cada vez que el Duke les deslizaba unos billetes, las cabinas típicas de sex shops con videoproyecciones calenturietos incluidos y las ya mencionadas frases llenas de insultos, tacos y chistes bastos.

Ahora, en el 2011 aparece Duke Nukem Forever totalmente actualizado a los nuevos tiempos y con los mismos elementos que antaño, pero mucho más gamberros, pues lo que antes se tenía que dejar a la imaginación (las strippers eran más unos dibujos animados pixelados que una chica real), ahora vuelven más reales, gracias al motor gráfico de UNREAL. Más armas, más destrucción, más sexo y más frases caraduras que nunca es lo que trae este juego cuya trama no puede ser más simple: Los aliens han vuelto para llevarse a las mujeres y al parecer el Duke es de los que piensa que sin tetas no hay paraíso.

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